Tras la Luna llena

Cuando Loncmar despertó, a su lado aún estaba ella.
Ella, quien lo rescató la mañana anterior cuando su pierna quedó atrapada en el cepo, quien lo ayudó a liberarse y llevarlo hasta su hogar enclavado en el bosque, ella, quien le curó las heridas, y ella, a quien le reveló su pasado, su terrible pasado lleno de sangre.
Tal vez fue un arrebato de sinceridad engendrada por tantos años de soledad, tal vez por intentar pagarle su amabilidad, tal vez alguna forma de advertirle que se alejara de él o pudieron ser los efectos de la fiebre, pero ella se quedó a cuidarle mientras Loncmar le confesaba quién era en realidad, la… cosa en que se transformaba en noches de Luna llena, el monstruo sediento de destrucción en que se convertía, el mismo que arrebató tantas vidas, la criatura que asesinó a su familia, la maldición que lo llevó al exilio para ya no dañar a nadie más de los suyos.
Pero aun así, ella ahora dormía a su lado.
Loncmar esbozó una sonrisa de reconciliación con su existencia, y le lamió tiernamente detrás de las orejas, ella soltó un leve gruñido de aprobación. Los siguientes días fueron idílicos, Loncmar se recuperaba con rapidez, sus culpas pasadas parecían diluirse. Al preguntarle qué hacía en esa parte del bosque cuando lo encontró, ella le contestó que pertenecía a un grupo vagabundo, del cual se alejó; en realidad, le dijo ella, carecía de importancia si no regresaba, su grupo no se preocupaba por ese tipo de desapariciones, estaban acostumbrados a que cada quien tomara el curso que le dictara su naturaleza.
Cuando Loncmar pudo andar sin ayuda decidieron salir juntos a cazar, pero se alejaron demasiado de casa. La tarde los sorprendió, y Loncmar, quien en su felicidad dejó de contar los días, descubrió con horror que esa noche habría plenilunio. Le pidió que se alejara lo más posible, que lo abandonara, que buscara de nuevo la trampa para sujetarlo y evitar que la dañara; sin hacerle caso, ella se quedó junto a él, le aseguró que podría controlar a la bestia, que no la dañaría… pero salió la Luna llena.
Loncmar quedó congelado ante la luz de la Luna, después, con un potente aullido, vibró de manera incontrolable. La criatura emergió, Loncmar se convirtió en el monstruo sediento de destrucción, en una bestia asesina… Loncmar se transformó en un hombre…
Cuando Loncmar despertó, a su lado solo había sangre.

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