Decenas de millones de mexicanos empezamos el nuevo año con más preocupaciones que esperanzas. No es para menos. El gobierno de los tolucos ha sido el desastre total, solo comparable con enormes parteaguas históricos que han sufrido en otras latitudes sociedades explotadas, hartas de sumisión y vasallaje. Estos son momentos aciagos, oscuros, que urgen grandes decisiones.
El toluquismo meteco rompió todos los estándares de imbecilidad y oprobio. No es posible, piensan los ciudadanos, que esta manera de ejercer el poder no tenga remedio, no encuentre un dique para todos sus excesos, que muchas veces hasta parecen consentidos y asumidos por los gobernados. Son generalmente aceptados por la falta de escrúpulos de las autoridades en todos los niveles.
Habíamos enfrentado grandes desgracias, desde catástrofes naturales de gran magnitud hasta iniquidades y torturas sociales causadas por regímenes políticos cuyos ancestros de igual calaña se enquistaron en el mando de la República, gracias a los arreglos antiquísimos de las cúpulas, que nunca fueron forzadas a rectificar. Ha sido una nación formada desde el Estado, desde hace dos siglos, resiliente en extremo.

Pirámide de opresión,
sobre cimientos de odio

Los mexicanos hemos sido carne de presa de políticos ignorantes y ambiciosos en grado de horror, que nunca han reparado para enquistar y hundir sus mandíbulas en esas vetas de negocios fáciles, proporcionadas por usos y costumbres del trasiego de narcóticos, trata de personas, robos en despoblado, secuestros, asaltos y corrupción, con venganzas y asesinatos impunes, sin solución posible.
Siempre, conductas delincuenciales, actos criminales, exacciones sin frontera, atentados contra la convivencia y la paz social, protegidas por poderes impuestos por los magnates de aquí y fuerzas extranacionales que, de ese modo también logran el mantenimiento del statu quo, gracias al control que ejercen sus dominios cupulares en esta zona del palenque hemisférico.
Es una pirámide de opresión, tradicionalmente sustentada sobre cimientos de odio, miedo, intolerancia, discriminación humana, miseria y sufrimiento, a la que no se le ve ni el fondo ni el fin. Es un modo de vida, asentado sobre la manipulación, la ignorancia y el tráfico electoral, en cada época que se recuerde.

Los 15 de Rubí, escape
a la frustración social

La celebración de los 15 años de Rubí, en un rancho de su tierra natal potosina, exaltada en principio por las redes sociales y tomada por poderosos conglomerados periodísticos como bandera de reivindicación, enseña el peor perfil de todas las inmundicias gubernamentales y de los poderes fácticos.
En ella se dieron cita, desde el megatónico Grupo Carso, de Slim, que se apura a regalarle una beca de estudios a la adolescente, hasta el gobernador que le obsequia una casa, o el infaltable Layín, alcalde de San Blas, Nayarit –el que roba poquito–, con un auto último modelo, similar al que le obsequió la armadora transnacional al asqueroso Lady Wooo.
Equipos completos de guardaespaldas y sopla nucas que rodean y protegen a los poderosos, todos pagados con nuestros menguados impuestos, exprimidos hasta la saciedad por las empresas productivas del Estado, que hoy son viles importadores de gasolina, la que no pueden ni distribuir a tiempo y en cantidad suficiente.
Pero son solo la válvula de escape de la frustración social contenida, que de algún modo debe manifestarse. Lo profundo continúa soterrado, dando la impresión de un volcán sin control, a punto de estallar. Nada puede seguir así, hace falta una buena sacudida política que desfogue el clamor social, largamente esperado.

Los nuevos gobernadores,
más de lo mismo

En las elecciones locales para gobernadores de 2015 hizo su función el voto antisistémico, expresión de la furia popular. Desafortunadamente, los candidatos triunfadores no fueron trigo limpio: salieron de los votos promovidos por las maleta$ de nuestros impuestos, manipuladas a placer por los mismos integrantes del equipo federal toluco, peleados entre sí por ganar adeptos en sus ambiciones presidenciales de 2018.
Podrán decir lo que quieran acerca de la limpia contra las corruptelas producto del narcotráfico y el trasiego de todo lo prohibido, pero finalmente pertenecen al mismo establo, y nada bueno se puede esperar de ellos, solo que juegan al birlibirloque desenfrenado, el que tiene exhausto al país.
Por eso, cuando acontece algún evento inesperado, que creen se sale de sus manos y atenta contra los intereses creados, los mandamases sueltan a sus mastines a poner el grito en el cielo y a jurar por ésta que lo que viene es lo peor que le puede suceder al país. ¡Hasta se acuerdan de que hay país! Así, protestan contra un movimiento social, un escritor independiente o una fuerza armada hastiada del establecimiento inane.

Desconectados del mundo,
nada les preocupa

Protestan por el resultado electoral en Estados Unidos. El que dio el triunfo a un candidato antisistémico, ciertamente pendenciero, ignorante y falaz, que representa para la mayoría wasp que lo ungió, una esperanza de participar en mayor medida en los frutos de los beneficios. Millones de electores, llamados la basura blanca, pero ganaron. Aunque se den de frentazos cuando vean los pobres resultados de gobierno.

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.