El Universo, ¿qué es?

Conjunto de todo lo que tiene existencia física en la Tierra y fuera de ella; “los planetas y las estrellas forman parte del Universo”. Inmenso espacio, donde se encuentran todos los cuerpos celestes formado por galaxias que, son grupos de miles de estrellas, las cuales son cuerpos esféricos gigantes que emiten luz y calor propios (Rodríguez, Javi, 2017). También, es toda la naturaleza que nos rodea, infinita en el espacio y en el tiempo, y que incluye en sí, una multiplicidad innúmera de formas de la materia cualitativamente distintas. El conjunto de astros que existe en el espacio constituye el Universo.
Para calcular la distancia a la que está una estrella, ocupamos un método similar.
Imaginemos que vemos una estrella desde dos tiempos diferentes exactamente a seis meses (el primero en enero y el segundo en julio). El planeta Tierra en su movimiento de traslación, describe una trayectoria elíptica. Enero es el primer punto de observación y, después de seis meses, en julio es el segundo punto, que será paralelo al primer punto de observación. Así, los dos puntos, gozan de las mismas características en la medición. De esa forma, se podía conocer la distancia de las estrellas más próximas a la Tierra, pero ese método solo servía para estrellas cercanas, pero qué hay con la distancia de las estrellas que están más allá del Sistema Solar y aún más, las que se encuentran en galaxias distantes.
La humanidad, desde que hace uso de razón, se encuentra inmersa en ese gran y maravilloso Universo, pensando, imaginando, soñando y sobre todo, observando ese bello y majestuoso “cielo”, que lo inspira a realizar diversas actividades para su vida; así también, la humanidad se ha interesado, además de soñar y admirar, ir más allá de una simple observación y fascinación, se ha preocupado por estudiar el mundo fascinante que encierra ese “cielo”, analizar el por qué existen esas luces brillantes denominadas “luceros” o “estrellas” que se observan noche a noche; y la distancia a la que se encuentran.
Los astrónomos, desde siglos atrás, siempre se han interesado por saber cuán lejos están el Sol, la Luna, los planetas, las estrellas. Conocer cómo es la grandeza del maravilloso Universo donde vivimos. Los primeros astrónomos desarrollaron un método, llamado El método de paralaje. Levanta un pulgar y observa, ahora, cierra un ojo y ve tu pulgar. Después el otro, observarás que tu dedo parece moverse respecto al fondo. Nuestro cerebro toma dos puntos de vista del dedo, y con esa información es capaz de estimar la distancia a la que se encuentra, como es el caso de esta investigadora que su estudio fue en medir dicha distancia.
Henrietta Swan Leavitt, quien a finales del siglo XIX inició el proyecto de intentar describir todas las estrellas del firmamento por medio de fotografías tomadas por telescopios, desde esa perspectiva podía establecer la posición, brillo y color de cada una de ellas, pero, debido a la mala calidad de las fotos no se pudo determinar lo que ella necesitaba.
“Imaginemos un mundo donde no pudiéramos medir distancias. No podríamos estimar el tiempo que tardamos en llegar a un sitio, o cómo es de grande el lugar en que vivimos.”
En astronomía ocurre algo parecido, un cielo estrellado es una visión hermosa, pero no nos dice nada acerca de la distancia a la que se encuentran las estrellas. Nuestra visión del Universo es plana.
En el inicio del siglo XX, cuando la ciencia era algo predominantemente de hombres, Henrietta tuvo la idea que cambiaría todo. Ella sabía que hay estrellas que parpadean, que tienen un brillo que va cambiando variablemente. Esas estrellas variables son llamadas Cefeidas. Observó, en la nube de Magallanes, que las variables más brillantes tienen los periodos más largos, quiere decir, que cuanto más grande es la estrella, más lento es el latido. Así Henrietta se dio cuenta de que si dos estrellas comparten una frecuencia de brillo, es porque tienen el mismo tamaño.
Nació y murió en Lancaster, Massachusetts, el 4 de julio de 1868; murió de cáncer a los 53 años el 12 de diciembre de 1921, dejando un legado que fue retomado por otros grandes científicos para seguir estudiando el Universo. Fue una astrónoma estadunidense, quien ayudó en el estudio de las estrellas para la concepción del Universo; estudió las estrellas variables Cefeidas, cuyo centelleo varía a periodos regulares, pero a pesar de que realizó una de las mayores revoluciones de la ciencia, su reconocimiento fue escaso, solo por ser una mujer.
Su graduación fue a los 24 años, en lo que ahora es el Radcliffe College, universidad para mujeres, asociada a Harvard, e inmediatamente sufrió de una penosa enfermedad que le causó su sordera; una vez repuesta se inició a trabajar como voluntaria y al siguiente año empezó a trabajar en el observatorio Harvard con un grupo de mujeres, quienes eran llamadas Calculadoras, donde el trabajo consistía en examinar minuciosamente las fotografías, trabajaba seis días a la semana con siete horas al día y le pagaban 25 centavos la hora.
En 1912 Leavitt publicó su trabajo, donde explicaba que sus datos, las estrellas palpitaban con un ritmo regular y tenían una mayor luminosidad intrínseca cuando más largo era su periodo.

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