En apariencia, no hay duda que Hernán Mercado, profesor y licenciado en derecho, es de los hidalguenses conocidos a los que no podrían anteponérseles los términos quietud, ni mucho menos inmovilidad.

Desde siempre, subía y bajaba escaleras a tranco largo, circulaba veloz entre laberintos de oficinas y, con parte de esa energía, se daba lujos de participar en carreras de 15 kilómetros y comentar, solo un día después: “Ya me preparo para la próxima”.

Hoy cuida su alimentación, el peso, que no desborde su estética, y sus buenos propósitos de seguir adelante.

Posee humor agudo, oportuno; y algunas veces, en un giro de comunicación inesperado refiere, entre activo y apresurado, chispeante: “Bueno, nos vemos y en eso quedamos”.
Y el o los interlocutores suelen preguntarse: “¿Y en qué quedamos?”
Puede enzarzarse en una polémica, discurrir, argumentar pero sin perder equilibrios emocionales. No se le recuerda malhumorado o irritado. No lo dice, pero parece ser de quienes creen a pie juntillas: “el que se enoja, pierde”.

Su vocación por la docencia lo llevó, en su inicio, a la enseñanza, a fungir como profesor de grupo, pero algo más lo atrajo, o se le dio con naturalidad: la política.

Primero fue la sindical en la que captó voluntades y reconocimientos, sobre todo por otra virtud impenetrable: la discreción.

Al conocerlo, desde hace 35 años o más, nunca reveló por anticipado algún nombre o movimiento político dentro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Se recuerda que venía un relevo de dirigente, que entonces era Alberto Assad, quien después escalaría posiciones dentro del comité ejecutivo nacional de la organización magisterial.

Y se le preguntó a Hernán Mercado, uno o dos días antes del congreso, que se llevaría a cabo en Real del Monte, si la memoria no traiciona, “¿quién sucederá al maestro Assad?”
Encogió los hombros, rechazó un cigarrillo, intento de soborno, y dijo: “No sé; soy uno más de los integrantes del sindicato; de esas decisiones nunca me entero”.

El congreso se llevó a cabo un sábado. En el transcurso del traslado por la serpenteante carretera Pachuca-El Real, se advirtió que en sentido opuesto, a moderada velocidad, regresaba Mercado. En segundos advirtió a quienes en la pesada vía subían, saludó con dos dedos y sonrió; únicamente eso, pero se le advirtió satisfecho.

Al llegar al Real, la elección ya había concluido, el nuevo secretario de la sección era Ernesto Ordaz Labra; no hubo primicia anticipada.

Más adelante, al reencontrar a Mercado, se le cuestionó: “Profe, ¿ya lo sabías verdad, desde antes?”
Y repuso: “Fue un proceso tranquilo; los delegados se manifestaron abiertamente por el profesor Ordaz”.

Y no cedió.

Un tiempo fue el responsable de comunicación social en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Hidalgo. Era oportuno, insistente en difundir acciones del instituto.
Se distinguió en su calidad de militante priista. Fue secretario de Gobierno en la administración de Adolfo Lugo Verduzco, quien, versiones confirmadas, le llegó a decir: “Profesor, nadie lo recomendó ni trató de influir conmigo; yo decidí que era usted el adecuado”.

En dos ocasiones fue diputado local y, asimismo, secretario de acción del CDE del tricolor.

Se supo de otras comisiones, pero no las reveló, entendido porque no suele abrir el hermético cofre de sus preciados secretos.

No hace mucho, por sus naturales características de conciliador, lo designaron delegado municipal en Mineral del Chico.

Inicialmente aceptó, refiriendo que estaba cercano a Pachuca y que debía dosificar sus energías y empeños.

Lector infatigable, sin fatigas, rinde culto a la amistad y suele recordar algunos pasajes de su intensísima vida profesional.

Es cuando, en la exultancia de su buena vibra, acepta fijar fecha para una nueva reunión, no sin antes apuntalar: “En eso quedamos”.

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