YAIR QUINTANA* / Pachuca

En Hidalgo hay por lo menos 700 familias que subsisten como pepenadores, de acuerdo con la asociación civil Confederación Nacional de Industriales de Metales y Recicladores.

En ese sentido, la falta de regulación y cumplimiento de las normas en los tiraderos de los 84 municipios de la entidad genera complicaciones como las familias que viven dentro de los propios basureros sin ningún control sanitario, especialmente para los más vulnerables como menores de edad, adultos mayores o personas con algún padecimiento de salud.

La pepena generalmente es tomada como una de las peores formas de empleo en México, aunque esa actividad tiene un largo tiempo en la historia humana.

Según el Banco Mundial, “actualmente existen al menos 60 millones de personas laborando en ese tipo de trabajo, y de acuerdo con las condiciones de informalidad laboral y de peligro que hay en los sitios de destino final de desechos sólidos, es una de las pruebas irrefutables de la desigualdad e injusticia social que aún no se resuelven en las grandes naciones que hasta hoy podrían ser las más desarrolladas, entre ellas México”.

Asimismo, de acuerdo con el documental El trabajo en la pepena informal en México: nuevas realidades, nuevas desigualdades la pepena informal, específicamente en Hidalgo, es uno de los trabajos más importantes ya que existe solo un basurero municipal, según estudios demográficos urbanos; pero hay más de 700 familias de acuerdo con la asociación civil Confederación Nacional de Industriales de Metales y Recicladores, sin embargo, no existen datos oficiales.

La situación más vulnerable es con familias dedicadas a la pepena de la basura que además viven dentro de los mismos basureros. Este medio de comunicación realizó un recorrido por sitios en la Zona Metropolitana de Pachuca y recopiló testimonios de quienes habitan en los tiraderos.

Viviendo en un basurero

Esaú Garfías Rivera es un recolector que inició su vida laboral en un basurero, primero como un juego pero después se convirtió en una fuente de ingreso para poder conseguir alimento; sin duda más personas sobreviven de esa manera.

“Pues me empecé a juntar con morros como de mi edad, algunos más grandes, y pues íbamos a buscar cosas, primero íbamos nada más de juego, pero después empezamos a encontrar cosas que vendías y te podías comprar algo de comida o chucherías, después mi jefe (papá) me dijo que tenía que trabajar más para poder comprar para comer, porque en ese tiempo mi mamá se había enfermado y ya de ahí agarré callo.”

En ese trabajo, según Esaú, tienen que lidiar con cosas asquerosas, pero a él le desagrada más el prejuicio que recae sobre las y los pepenadores, “aquí aprendes a ver todo tipo de cosas y sí, te digo que las personas nos ven como si no fuéramos alguien, piensan que como trabajas en esto eres delincuente o drogadicto y no es así, me ha tocado ver como entamaban a otros compañeros por cosas que ni saben qué pedo, creo eso es lo que no me gusta”.

En la pepena de la basura trabajan por igual niños y mujeres. Durante el recorrido por los basureros fueron constantes los riesgos que corren los más vulnerables. Por ejemplo, la señora Irma, de quien se reserva su verdadero nombre, narró la agresión que sufrió al trabajar en la selección de desechos. “Varios señores me manosearon”, con timidez solo añadió “pues pasa de todo ahí, entonces ya se imaginará joven, yo nada más digo que dios es el que imparte justicia”.

Basureros a la libre

Desde el punto de vista de la activista social en favor de los pepenadores Patricia Galindo, esa fuente de trabajo debería recibir el reconocimiento por las autoridades, “la labor que ellos hacen es fundamental, es muy importante dignificar su trabajo debido a que no tienen prestaciones de ley, son personas en estado de pobreza extremo, inclusive me he topado con personas que no están ni registradas y obviamente no tienen ningún estudio, ellos hacen una labor única e invaluable”.

Para ella existen alternativas posibles sin deshacerse de los basureros, ya que pueden ser una fuente de trabajo digno que, si se hace de manera correcta, beneficiaría a todos. “Si bien deshacerse de los basureros no es opción, pero creo que podrían implementarse plantas tratadoras que beneficien económicamente al gobierno y también ayuden a esas personas que trabajan e incluso viven dentro de los basureros, generando empleos dignos con prestaciones de ley y todos los derechos que se merecen”, dijo la .

Finalmente, este medio contactó a la Secretaría del Trabajo estatal para conocer su postura respecto a la situación de las familias dedicadas a la pepena, sin embargo, la dependencia estatal no respondió.

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Esa situación representa la otra cara de las irregularidades de los basureros de la entidad, pues incluso algunas personas viven en esos espacios de forma insalubre y sin regulación

  • De acuerdo con el Banco Mundial, actualmente existen al menos 60 millones de pepenadores
  • Esa actividad generalmente es tomada como una de las peores formas de empleo en México
  • Desde el punto de vista de la activista social en favor de ese sector Patricia Galindo, esa fuente de trabajo debería recibir el reconocimiento de las autoridades

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