Ayer vivimos otro día negro para la justicia de nuestro estado. A pesar de que ya existe un protocolo, y de que en teoría hay coordinación entre las fuerzas estatales y municipales, el estado de Hidalgo no pudo evitar que una muchedumbre terminara con la vida de un hombre de manera extrajudicial y con la brutalidad que distingue no a una sociedad del siglo XXI sino a una que corresponde al medievo. Desgraciadamente para el estado de Hidalgo los linchamientos ya se convirtieron en parte de nuestra cotidianeidad, sin que hasta hoy el gobierno sepa cómo romper esa inercia fatal. Queda claro que urgen cambios, que vayan desde la estructura de nuestro sistema de justicia, pero también que corrijan la forma en que están reaccionando nuestras autoridades y el personal a su cargo. Aunque no todo es responsabilidad del gobierno. La sociedad hidalguense necesita ser autocrítica y reflexionar si quiere vivir bajo un régimen donde la brutalidad y la sinrazón sean la forma de impartir justicia. ¿Queremos vivir bajo la dictadura de la muchedumbre? ¿O queremos vivir bajo el imperio del derecho, la razón y la protección de los derechos humanos? En nuestras manos está qué camino elegir, aunque hoy por hoy, sin duda, está ganando la brutalidad y el oscurantismo. Tiempos aciagos los que nos toca vivir. De filón. Quien quizá no esperaba una respuesta a sus acusaciones es el secretario de Seguridad Pública Mauricio Delmar, quien deberá corregir o comprobar sus dichos contra expolicías municipales, quienes con justa razón le reclamaron por haberlos señalado como autores de las mantas con mensajes intimidantes recientemente localizadas en diversas partes del estado. Quien señala tiene la obligación de probar, y más quien está encargado de nuestra seguridad pública estatal.

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