Los datos más preocupantes de la zona centro del país en materia de seguridad pública se concentran en la Ciudad de México y el Estado de México, donde existe una alta percepción ciudadana sobre la falta de capacidad de las autoridades para contener el delito. Paralelamente, “el efecto cucaracha” provoca mayor incidencia delictiva en las entidades del corredor centro-Golfo, por ejemplo, incrementó la violencia alarmantemente en Veracruz y hay mayores casos de secuestro, homicidio doloso y extorsiones en Hidalgo.
Datos publicados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señalan al Estado de México como la entidad más problemática, por las altas tasas de incidencia de delitos federales entre enero y mayo de 2017, al aportar, en este periodo, 24 mil 350 eventos delictivos de los 158 mil 440 registrados a nivel nacional. Asimismo, en materia de secuestros, durante el mismo periodo, solo Veracruz y Tamaulipas lo superaron, colocándose en el primer lugar nacional en el delito de extorsión.
Por su parte, Hidalgo, a pesar de ser un nodo estratégico para actividades lícitas e ilícitas, mantiene posiciones por debajo de la media nacional, reportando nueve secuestros y 374 homicidios, cifras que significan el doble de los eventos ocurridos entre 2007 y 2012 (SESNSP). Por ello, al comparar Estado de México e Hidalgo con la información del SESNSP puede apreciarse que las fluctuaciones en la violencia del primero tienen repercusiones directas en suelo hidalguense.
En consecuencia, ante un eventual “reciclaje” de funcionarios del gobierno federal, dentro del equipo del mexiquense Alfredo del Mazo, con experiencia pero sin perfil, ni aptitudes en áreas de seguridad pública, se podrían acentuar los errores ya cometidos, permitiendo el ascenso de la delincuencia en el Estado de México e incrementarse los problemas para la sociedad y gobierno hidalguense.
En este sentido, si se ratifica el resultado electoral en favor de Del Mazo, el gobierno de Omar Fayad deberá redoblar esfuerzos de coordinación con las autoridades del estado vecino para no estar a merced de las pifias de los funcionarios mexiquenses, colocados por compadrazgos o por favores políticos.
En ese contexto, la élite mexiquense que todavía trabaja en el gobierno federal, empezará a mudarse a la administración estatal a partir de septiembre, pero ya se habla de personajes que como Miranda la Lechuza, solo están mirando el paso del tiempo para decidir el momento de atrapar la presa y ocupar el puesto estratégico que el compadre le ha reservado en materia de seguridad y/o desarrollo social.
No hay duda sobre la simbiosis que existe en materia de seguridad entre los estados del corredor centro-Golfo, que obliga a los gobiernos a establecer estrategias conjuntas, por lo que es insuficiente contener el delito en un solo espacio cuando en otro hay contubernio y connivencia con delincuentes (captura del estado).
La captura del estado, como hemos insistido en otros trabajos, no solo la ejercen los delincuentes tradicionales, también los de cuello blanco al amparo de la corrupción. A nadie conviene un Hidalgo capturado por la violencia y “el moche” porque merma el tejido social, inhibe la inversión y debilita las instituciones.
Nuestros hijos merecen vivir en un espacio donde se haga valer el Estado de Derecho y se respeten las dignidades humanas, tan plurales y tan diversas.

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Raen Sánchez Torres

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