Luego que autoridades celebraron que Hidalgo fue una de las entidades que redujo la pobreza de su población, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) se encargó de regresarnos a la dura realidad. Según los resultados de la última encuesta nacional de ocupación y empleo, la entidad ocupa el nada honroso cuarto lugar nacional en informalidad laboral, con 72.8 por ciento de la población económicamente activa en esa condición. Solo nos superan Oaxaca (81.7 por ciento), Guerrero (79.2), Chiapas (74.8) y están cerca de nuestra entidad Puebla (71.3) y Tlaxcala (71.1). ¿Qué implica tener ese alto porcentaje de informalidad? Que seguramente se están creando empleos, pero de ínfima calidad, sin seguridad social, con salarios precarios. ¿Cómo romper esa inercia que impide que la población en Hidalgo tenga empleos de calidad? Justamente ayer visitó la entidad el subsecretario federal de educación pública Luciano Concheiro Bórquez, quien recorrió distintos espacios en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en compañía del rector Adolfo Pontigo Loyola. Y en esa visita, el funcionario ponderó que la casa de estudios estatal trabaja bajo una visión estratégica que da al clavo para que la entidad y el país crezcan, pero con calidad. Al final, después de conocer los proyectos estratégicos de la UAEH, Concheiro remarcó: “Cuentan con la subsecretaría de educación superior, evidentemente, en este esfuerzo; o lo hacemos de la mano en ciencia, tecnología e innovación con nuestra educación superior y media superior o no lograremos realmente transformar a este país”. Ahí está la fórmula para el crecimiento con calidad. De filón. Ahora de repente todos lucen muy preocupados por la posibilidad de que Hidalgo surta de agua potable al proyecto del aeropuerto de Santa Lucía. Como si fuera el primer proyecto de esa naturaleza y como si Hidalgo no aportara caudal para la Ciudad de México desde hace décadas…

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