El texto está integrado por: “Origen de las fiestas decembrinas”, “Elementos que adornan la Navidad”, “La pintura, la música y el teatro”, “Relatos y cuentos” y “La cocina”

(primera de seis partes)

Las direcciones del archivo general, de bibliotecas y centros de información, y de ediciones y publicaciones de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), son las dependencias encargadas de conservar el fondo reservado de publicaciones, que tiene como objetivo resguardar la memoria impresa de libros, colecciones y manuscritos que, por su valor, características y transcendencia, son únicos y de consulta restringida. Uno de los libros conservados en dicho espacio es el titulado Hidalgo navideño, presentado en formato de disco compacto y que apareció en diciembre 2004.

Está integrado por seis capítulos que incluyen: “Origen de las fiestas decembrinas”, “Elementos que adornan la Navidad”, “La pintura, la música y el teatro”, “Relatos y cuentos” y “La cocina”, de los cuales daremos cuenta en las próximas entregas, y sumaremos algunas leyendas relativas a las fiestas decembrinas que aparecen en el libro Leyendas hidalguenses, publicado en 2004. En la mayoría de los textos se conservó la redacción original.

“Orígenes de las fiestas decembrinas”

Historia de los indios de la Nueva España de fray Toribio de Benavente, Motolinía, 1555. Las posadas, el nacimiento y el árbol de Navidad.

Según Motolinía en su Historia de los indios de la Nueva España, celebrar las posadas en México se remonta al año de 1541, lo cual significa que esta tradición mexicana se ha mantenido viva por casi cinco siglos. En esas fechas los indígenas adornaban las iglesias con flores, encendían fogatas en los patios, repicaban las campanas y oían misa. Algunos estudiosos sitúan el origen de las posadas en el pueblo de San Agustín Acolman, en el actual Estado de México, de donde los frailes agustinos seguramente la llevaron a otros conventos del actual estado de Hidalgo y la practicaron en las majestuosas construcciones religiosas localizadas en Epazoyucan, Actopan o Atotonilco el Grande. Después, la costumbre debe haberse multiplicado con otras órdenes religiosas, como la franciscana, la jesuita y la juanina; bastaría hacer una retrospectiva y mirar hacia el año 1640 cuando se construyó la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, ahora convertida en el salón de actos Baltasar Muñoz Lumbier de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Los nacimientos de hoy son distintos a los que nuestros abuelos conocieron. Imagínese usted apreciar un nacimiento con figuras de barro, probablemente elaboradas en el Bajío o por nuestros alfareros de Huasca o Epazoyucan, sin luces artificiales, pero adornados con heno, piñas de árbol y una gran imaginación. Y en torno a ese escenario una familia reunida, seguramente entonando villancicos y arrullos al niño Dios transmitidos de generación a generación.

En México, el árbol de Navidad se hace presente a principios del siglo XX.

También aquí cabe imaginar a nuestros antepasados apreciando unas ramas de pino adornadas con algodón y otros elementos que en su época se tenían, sin luces artificiales, pero lleno de la luminosidad del corazón.

Esta costumbre la heredamos y ahora nos toca mantenerla y transmitirla. Así cumpliremos nuestro ciclo en este mundo de la Navidad y sus festejos.

Víctor Manuel Ballesteros García

“Como celebraban los indígenas la Navidad”

La noche de Navidad ponen muchas lumbres en los patios de las iglesias y en los terrados de sus casas, y como son muchas las casas de azoteas, y van las casas una legua, y dos, y más, parecen de noche un cielo estrellado; y generalmente cantan y tañen atabales y campanas, que ya en esta tierra han hecho muchas. Ponen mucha devoción y dan alegría a todo el pueblo, y a los españoles mucho más. Los indios en esta noche vienen a los oficios divinos y oyen sus tres misas, y los que no caben en la iglesia por eso no se van, sino delante de la puerta y en el patio rezan, y hacen lo mismo que si estuviesen dentro; y a este propósito contaré una cosa que cuando la vi por una parte me hacía reír y por otra me supuso admiración, y es que entrando yo un día en una iglesia, algo lejos de nuestra casa, hallé que aquel barrio o pueblo se había ayuntado, y poco antes habían tañido su campana como ya el tiempo que en otras partes tañen a misa, y dichas las horas de Nuestra Señora, luego dijeron su doctrina cristiana y después cantaron su pater noster y “Ave María”, y tañendo como a la ofrenda rezaron todos bajo; luego tañeron como a los santus, y herían los pechos ante la imagen del crucifijo, y decían que oían misa con el ánima y con el deseo, porque no tenían quién se la dijese.

La fiesta de los Reyes también la regocijan mucho, porque les parece fiesta suya; y muchas veces este día representan el auto del ofrecimiento de los Reyes al Niño Jesús, y traen la estrella de muy lejos, porque para hacer cordeles y tirarla no hay menester en ir a buscar maestros, que todos estos indios, chicos y grandes, saben torcer cordel. Y en la iglesia tienen a Nuestra Señora con su precioso hijo en el pesebre, delante el cual aquel día ofrecen cera, y de su incienso, y palomas, codornices y otras aves que para aquel día buscan, y siempre hasta ahora va creciendo en ellos la devoción de este día.

Consejo editorial universitario

“Relatos: Fiestas decembrinas en la Universidad”

Uno de los inmuebles históricos que distingue a la ciudad de Pachuca es el edificio central, actualmente denominado centro cultural universitario (CCU) La Garza de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), construcción que conserva una capilla del siglo XVIII, un observatorio meteorológico del siglo XIX y una amplia fachada que tiene como guardián unas escalinatas centenarias hechas en cantera de Tezoantla. A lado de estas se ubica un jardín distinto de los usuales, donde don Guadalupe Flores (+), trabajador universitario, por más de cinco décadas se encargó de diseñar una jardinería artística y elaboró con los arbustos figuras que asemejan animales reales y mitológicos, ángeles y siluetas de personas. Todo el año, este espacio pachuqueño se convierte en un lugar atractivo que obliga a visitarlo.

Cuando llegan diciembre y su invierno, los atardeceres son distintos y las noches se iluminan con miles de luces intermitentes que se colocan sobre los árboles y en torno a las figuras del jardín. La fachada principal también se alumbra, convirtiéndose en un singular espectáculo navideño; su resplandor trasciende el campus y se transmite a quienes habitan la ciudad. El escenario es ideal para que grupos artísticos presenten pastorelas e interpreten villancicos.

En estas fechas es común encontrar a cientos de pachuqueños y turistas que se dan cita no solo para conocer el histórico y añoso edificio, sino para contagiarse de la alegría y el espíritu decembrinos. Es época de hallar por las noches a niños y familias que trasladan a nuestro espacio universitario sus fiestas y piñatas. También hay parejas de enamorados, que seguramente crean innumerables ilusiones. No falta quien aprovecha la luminosidad para hacerse retratar, sobre todo cuando el festejo lo amerita, pues acuden desde niños recién bautizados con madrinas y padrinos, hasta quinceañeras o recién desposados que desean guardar un recuerdo de este estudio fotográfico virtual.

Tal escenografía clásica de temporada invernal se instala gracias al esfuerzo del Voluntariado Universitario, que desde 1991 mantiene esta costumbre que ya forma parte del panorama pachuqueño. El espectáculo se inicia los primeros días de diciembre con juegos pirotécnicos y el encendido de luces, y dura el resto del mes. Recientemente las escuelas e institutos de la UAEH también iluminan las fachadas de sus edificios. Así celebramos los universitarios las fiestas navideñas.

Este año las luces navideñas se encendieron el pasado viernes 29 de noviembre.

Evaristo Luvián Torres

1 Las direcciones
del archivo general, de bibliotecas y centros de información, y de ediciones y publicaciones de la Autónoma de Hidalgo, son las dependencias encargadas de conservar el fondo reservado de publicaciones

2 Los nacimientos
de hoy son distintos a los que nuestros abuelos conocieron

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