Hidalgo, nido de rufianes

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Tal parece que Hidalgo es, por la cercanía con el núcleo poblacional más grande del país, uno de los destinos preferidos de los líderes delincuenciales. En la entidad han sido hallados en los últimos años cuatro cabecillas. La periodista de esta casa editorial Adriana Hernández Islas entrega en la edición de hoy un recuento de las detenciones de objetivos prioritarios para autoridades federales por su relación con el crimen organizado. El más reciente fue el caso de Óscar Andrés N, alías el Lunares, presunto operador de la unión Tepito, quien fue detenido la madrugada del viernes en Tolcayuca. También destacan integrantes de los caballeros templarios o de aquel sanguinario grupo criminal de los zetas. Eso demuestra que Hidalgo es utilizado como escondite frecuente de los altos mandos de la delincuencia del centro del país. Pero ¿qué es lo lleva al estado a ostentar ese “privilegio”? Uno, como ya lo referíamos, es la cercanía con la Ciudad de México y Estado de México, dos de las entidades con las más altas tasas de criminalidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2018 del Inegi. Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), en el último año se cometieron 33 millones de delitos en el país; con mayor tasa de ilícitos registrados fueron las dos entidades vecinas, en las que alrededor del 40 por ciento de su población fue víctima de algún delito. Es aquí donde cobra vigencia la teoría de las autoridades estatales, que justifican la atrocidad delincuencial al efecto cucaracha proveniente del norte de Hidalgo. Otro factor lo podemos atribuir al escaso fuego cruzado entre células del crimen. En Hidalgo, a diferencia de otros estados del centro, está menos marcada la disputa de grupos de la delincuencia organizada. Es, en apariencia, un territorio poco disputable. El sosiego que permea en ciertos poblados hace pasar desapercibidos a capos como Óscar Andrés N, alías el Lunares, Francisco Javier N, conocido como el H1, Nicolás Trujillo Urieta o Luis Reyes Enríquez, apodado el Rex o Z-12, que hallaron por un tiempo en la geografía hidalguense un paraíso de impunidad. De filón. las tribus morenistas podrían terminar devorándose entre sí y acabar con la fuerza adquirida por un movimiento legítimo que prometía un cambio profundo en el sistema político de este país.

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