En los últimos cuatro años Hidalgo ha mantenido una posición errática en la tabla que mide el Índice de Paz México (IPM). De lograr un primer lugar nacional en 2016, Hidalgo retrocedió en 2017 al cuarto lugar; luego cayó al sexto en 2018, para un año después, en 2019, recuperarse y colocarse en la posición cinco. No obstante, el índice 2020 ubica a la entidad en el lugar seis, lo que significa una nueva caída. El ranking, que lleva a cabo el Instituto para la Economía y la Paz (IEP) y que también se aplica a nivel mundial y por país, es un indicador que mide el nivel de paz y la ausencia de violencia en un país o región. Entre otros indicadores, el índice de paz estudia tasas de homicidio, delitos con violencia, y cárcel sin sentencia. El indicador para 2020 encontró que Hidalgo retrocedió un lugar debido a que durante 2019 vio incrementar sus tasas de homicidio, delitos con violencia e infracciones cometidas con arma de fuego. La calificación general de la entidad, que refleja la incidencia delictiva, fue de 2.161, mientras que en la medición anterior (2018) Hidalgo registró 1.808 para el mismo indicador. La caída de Hidalgo, por tanto, tiene que ver con el deterioro de la seguridad pública, algo que no ha querido aceptar la actual administración estatal, encabezada por el gobernador Omar Fayad. De filón. Y para acabar de complicar las cosas, ayer autoridades federales del sector salud advirtieron que debido a que comenzará la temporada de dengue en pleno pico de la epidemia del Covid-19, habrá complicaciones en el conteo epidemiológico de ambas enfermedades, en el espacio disponible en los hospitales para los pacientes de dengue y en la posibilidad de que ambos padecimientos sean trasmitidos a las mismas personas.

Comentarios