Nuestro estado, al igual que todo el país, padece una epidemia de violencia. Según datos oficiales, en 2017 se registraron 23.1 mil homicidios en todo México. De ese fenómeno no escapa nuestra entidad, donde el año pasado se registraron 200 asesinatos. Esta cifra significa que ese delito creció 32 por ciento respecto a 2016, cuando se abrieron 151 carpetas de investigación por homicidios dolosos, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Sobre el origen de ese problema, analistas plantean que el crecimiento de la violencia en nuestro país tiene que ver con la fragmentación de los cárteles de la droga, fenómeno que inició durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón, quien decidió combatir frontalmente a las bandas del crimen organizado. Frente a ese escenario, expertos sostienen que para disminuir la violencia debe combatirse la corrupción y desmantelar las redes del poder político y criminal. Deben ser castigados aquellos políticos que ayuden a criminales y además fortalecer a las policías municipales y estatales. En Hidalgo la espiral de violencia debe responder a nuevas estrategias. Si bien el gobierno estatal ya presentó su plan a principios del año pasado, desde que lo hizo no se aprecia alguna mejora. Por el contrario, la incidencia de delitos como el del robo de combustible arrecia y cada día provoca más muertos. Basta recordar al asesinato de una persona el pasado jueves en San Juan Tepa, quien perdió la vida al más puro estilo de las mafias italianas. De filón. En esta edición profundizamos sobre la contaminación del agua potable en Zimapán, otro problema al que no se le ve solución inmediata, pese a que sigue siendo un asunto de salud pública que tenderá a agravarse.

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