La aparición del cuerpo sin vida de Lorena, una joven que desapareció el pasado fin de semana al salir de un bar ubicado en el céntrico bulevar pachuqueño Everardo Márquez no debe ni puede pasar desapercibido. No debe ser solamente el feminicidio número 17 que es reconocido oficialmente durante este año. Aunque el gobierno en turno trate de minimizar estos hechos bajo el argumento de que son “aislados”, como suele decir el secretario de Gobierno Simón Vargas, la población está cada vez más indignada porque ni siquiera merecen una mención del secretario de Seguridad Pública Mauricio Delmar y tampoco logran llamar a la indignación del gobernador Omar Fayad, quien está más preocupado por romper el récord Guinness con un altar en la plaza Juárez durante los próximos días. ¿Qué tiene que pasar para que las autoridades dejen de simular que todo está bien? ¿Qué tiene que suceder para que dejen de escudarse en que Hidalgo sigue estando entre las cinco entidades más pacíficas con un indicador que cada vez resulta más ajeno para la gente de a pie, para aquella que cada vez con mayor frecuencia se entera de la desaparición de alguien cercano? Es momento de que en Hidalgo se emita una alerta de género ante la emergencia que vivimos en territorio estatal para que el gobierno genere las acciones pertinentes que permitan enfrentar la violencia feminicida que ya se ha vuelto cotidiana. Ya no caben los argumentos políticos cuando va de por medio la tranquilidad de una generación que cada vez ve más lejana la posibilidad de salir en paz, a caminar por unas calles que hoy ya no dan confianza a nadie. De filón. Ayer, habitantes de Ixmiquilpan y otros municipios del Valle del Mezquital tomaron las instalaciones del Congreso de Hidalgo. Exigen que sea cumplido un convenio de obra pública que implica la aplicación de 100 millones de pesos que siguen detenidos en alguna de esas lagunas burocráticas que empantanan la vida pública.

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