Recientemente el Índice de Paz México 2017, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, asestó a los hidalguenses un golpe, si no demoledor, sí preocupante en el tema de la seguridad. El estado descendió tres lugares respecto al informe de 2016. Dicen que para resolver un problema, primero se debe reconocer que existe. Pero al parecer el discurso del secretario de Gobierno Simón Vargas parece ir en sentido opuesto. No fueron pocas veces, de hecho durante los cinco años de la fenecida administración de Francisco Olvera Ruiz la retórica preponderante fue el rechazo al fenómeno de la delincuencia organizada y las ejecuciones en la geografía estatal. Escuchar a Vargas nos remite ineludiblemente al exmandatario. “Son hechos (asesinatos) que suceden en otras entidades y vienen y los tiran aquí (cuerpos). No es gente de Hidalgo, afortunadamente todavía esos índices de delincuencia no se han dado (en el estado)”. Sobre el intento de linchamiento a seis presuntos delincuentes el jueves en Huasca, el encargado de la política interna volvió a replicar el recalcitrante discurso de Olvera, referente a que son hechos aislados y que nada tienen que ver con la inseguridad local. Pero ¿qué pasa más allá de la ausencia de pruebas que secunden al discurso oficial? Aquí las respuestas: desconfianza, miedo, zozobra y una idea reforzada de impunidad entre el colectivo ciudadano hacia el sistema de justicia. Para poner en contexto, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana elaborada por el Inegi, hasta diciembre de 2016 la percepción de inseguridad en Hidalgo incrementó en comparación con septiembre de ese mismo año al pasar de 50.8 a 61.8 por ciento. Otro dato que pone en jaque a las autoridades estatales, es el índice de impunidad. Según el Índice Global de Impunidad México 2016, el estado se ubica en el grupo de entidades con alto grado, solo 12.8 por ciento de los delitos son denunciados. Uno más, en 2016 el número de homicidios dolosos en la entidad incrementó en ocho respecto a 2015, mientras que el robo a vehículo con violencia aumentó casi el doble, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Datos oficiales que evidencian cómo el lastre de la delincuencia absorbe a un estado que durante muchos años se presumió seguro, aunque a decir verdad no estamos seguros que así haya sido, hoy el reto es no ceder terreno a criminales anónimos que ahí están, al asecho, conviviendo con cualquiera de nosotros en el lugar menos impensable. De filón. ¿Pachuca segura? Es la pregunta que surge cada vez con más fuerza entre quienes habitamos esta ciudad. Ayer dos muertos en una nueva balacera. ¿Qué pasa en la Bella Airosa?, ¿quiénes se pelean qué?

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