Nelly Cruz y Rebeca Guzmán

La hipertensión arterial, comúnmente conocida como presión alta, es una enfermedad silenciosa debido a que, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas hasta que provoca complicaciones graves.

El corazón es un músculo que bombea la sangre a todos los órganos del cuerpo a través de las arterias; mientras la sangre fluye por las arterias ejerce una fuerza contra las paredes de estas que es conocida como presión arterial. Esta presión es necesaria para que la sangre circule a todos los órganos del cuerpo y estos puedan funcionar adecuadamente. Para que la lectura de la presión arterial sea considerada como optima, esta debe ser menor a 120/80 mmHg (milímetro de mercurio). Sin embargo, si la lectura de la presión arterial es constantemente elevada, es decir, igual o mayor a 140/90 mmHg, se considerará como hipertensión arterial.

La hipertensión arterial incrementa la carga de trabajo en las arterias y en el corazón, lo que implica que trabajen más, pero de manera menos eficiente. A largo plazo, la presión elevada en las arterias puede ocasionar engrosamiento al interior de estas y con ello estrecharlas, por lo que, si un coágulo de sangre bloquea el flujo sanguíneo al corazón o al cerebro, puede producirse un ataque al corazón o un derrame cerebral. Asimismo, el esfuerzo excesivo que realiza el corazón para bombear la sangre provoca que incremente en tamaño, lo que a su vez ocasiona que bombee inadecuadamente generando una afección conocida como insuficiencia cardíaca. Por otra parte, el daño a los vasos sanguíneos generado por la hipertensión arterial ocasiona la reducción del suministro de sangre a órganos importantes como los riñones, los cuales, en consecuencia, pierden la capacidad de eliminar los desechos y equilibrar la cantidad de líquidos en el cuerpo causando una afección conocida como insuficiencia renal. La excesiva retención de líquidos causada por esta enfermedad incrementa aún más la presión arterial.

Las causas relacionadas al origen de la hipertensión son múltiples, y se dividen en dos grupos: A. Causas no modificables como el antecedente familiar de hipertensión arterial y B. Causas modificables relacionadas al estilo de vida como la dieta elevada en sodio (sal), la dieta elevada en grasas saturadas, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo, la obesidad, la poca actividad física y niveles elevados de estrés. La modificación de las causas relacionadas al estilo de vida son acciones que contribuyen tanto a la prevención de la enfermedad como al control adecuado de quienes tienen un diagnóstico médico de hipertensión arterial.

Hipertensión arterial

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