Historia de fantasmas: emotiva reflexión

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Ciudad de México.-

Hacia el final de Historia de fantasmas (EU, 2017), quinto largometraje del versátil David Lowery (lírico drama rural Ain’t them bodies saints, 2013; cinta infantil disneyana Mi amigo el dragón, 2016), un filósofo briago se suelta con un interminable choro sobre el sentido de la vida, el arte y el Universo mismo.
Escuchándolo está un grupo de personas más o menos atentas y alguien cubierto con una sábana que nadie puede ver. Se trata del fantasma del título, quien sabe más que nadie el significado del tiempo. De la eternidad, más bien.
Ese fantasma vivió hace años en esa misma casa, tenía la cara y el cuerpo de Casey Affleck y estaba casado con una mujer interpretada por Rooney Mara.
Pero un día la muerte llegó a su huerto, diría cierto catalán, y él despertó en la morgue con una sábana de fantasmita infantil encima, mientras ella se quedó tristeando y devorando pays a mordidas como última forma de lidiar con el duelo.
Bajo las reglas del guion original de Lowery, inspirado en el cuento La casa encantada (1921) de Virginia Woolf, el fantasma está condenado a vivir en ese sitio en donde está, estuvo y estará su amada, por siempre jamás. O casi.
Filmada en formato académico con bordes redondeados, elegante cámara de Andrew Roz Palermo, y acompañada por una melancólica partitura de Daniel Hart, Lowery ha creado una pequeña pero encantadora cinta sobre el amor, la vida, la muerte y la pérdida.
Curiosamente, Historia de fantasmas podría funcionar como pieza de acompañamiento de Coco (Unkrich y Molina, 2017), pues para Lowery hay algo peor que la muerte: que los que te amaron se olviden de ti. Eso sí mata.

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