El libro de la semana

EVARISTO LUVIÁN TORRES
Consejero editorial

En otras ocasiones hemos abordado algunos capítulos del libro Historia regional del estado de Hidalgo siglos XIX y XX: Espacio y sociedad, que coordinó la doctora Raquel Ofelia Barceló Quintal, profesora investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). En esta ocasión recuperaremos el capítulo “¡Vivan los pueblos! ¡Mueran las haciendas! Las rebeliones campesinas en Hidalgo (1869-1878)”, investigación de la maestra Thelma Camacho Morfín.

En su nota introductoria, Camacho Morfín cita que tienen información de que a finales de 1869, bajo el mandato del primer gobernador constitucional de la entidad hidalguense Antonino P Tagle, existía una serie de levantamientos de campesinos en el territorio estatal, pues deseaban recuperar las tierras que, a su juicio y conforme a los títulos de propiedad colonial, les habían sido arrebatadas por los hacendados que venían apoderándose del mayor número de terrenos dedicados al campo.

Los líderes del levantamiento armado fueron Francisco Islas y Manuel Domínguez. Por los documentos que consultó la investigadora, es de suponer que el primero era abogado y apoderado legal de los pueblos que se habían sumado a un plan firmado el mismo año. También, la especialista sumó las evidencias de misivas que fueron enviadas a la redacción de los periódicos y procedimientos jurídicos que el abogado Francisco Islas siguió promoviendo hasta 1878.

El personaje Manuel Domínguez, del cual se sabe poco, fue un líder campesino acusado de sublevación a finales de 1869 y quien más tarde fue ejecutado.

En la investigación que aporta Thelma Camacho refiere la fecha del 29 de diciembre de 1869, cuando los sublevados del naciente estado de Hidalgo lanzaron el Plan de Capula, lugar que fue considerado como un sitio de comunistas, así lo narraba la prensa. En el plan exponían que la reclamación de las tierras no había sido atendida por el gobierno de Juárez y que los juzgadores favorecieron a los hacendados, pues los privilegios del poderío económico permitieron el apoderamiento ilegal de las tierras. En tal virtud, los campesinos decidieron poner bajo la autoridad de los pueblos las tierras que les correspondían conforme a la legalidad de sus títulos de propiedad.

La defensa de los campesinos manifestaba que querían restaurar el gobierno emanado de la Constitución de 1857, que establecía el procedimiento para dirimir diferencias entre las haciendas y los pueblos conforme a ostentación de títulos de propiedad.

Al año siguiente, en enero de 1870, uno de los jefes de los sublevados lanzó un comunicado donde expuso las intenciones de los campesinos que seguían en pie de lucha, aclarando Francisco Islas que no era una lucha comunista, sino contra el despojo de tierras por parte de los hacendados; sin embargo, la prensa de la Ciudad de México redactaba que el levantamiento era una amenaza comunista. También, en respuesta el Congreso del estado expuso que el levantamiento carecía de seguidores y sería muy fácil aplastarlos, toda vez que los alzados se dispersaban e internaban en las montañas, donde se creían seguros.

En otros párrafos, el texto establece que la rebelión campesina agravó la inseguridad en el naciente estado de Hidalgo, pues, según reportes de los periódicos, aparecieron cabecillas como Noriega y Pedro Fabregat, que entraron a Pachuca; sin embargo, los campesinos seguían en su lucha, pues en 1870 a la causa campesina se habían adherido pueblos como El Cerezo, San Jerónimo, Santiago Tlazala, Tolcayuca, Tornacuxtla, Santiago Tlachaloya, San Bartolo, San Agustín Tlaxiaca, La Estanzuela, Ixtlahuaco, Tizayuca, Tezontepec, Huepoxtla, Jilotzingo, Zacacalco, Tianguistengo, Puente y Tlahuelilpan, entre otros.

Por su parte, el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Hidalgo mencionaba que el éxito de la rebelión se debía a que los comunistas se habían llevado a representantes de muchos pueblos a Capula con engaños, pues les ofrecían terrenos de las haciendas. En respuesta, el gobierno combatió a los alzados.

A su vez, los campesinos se agruparon en el Valle del Mezquital y tomaron Pachuca y Tizayuca por un periodo corto, toda vez que eran asediados por el Ejército federal. Los militares, seguros de una rendición incondicional de los sublevados, sitiaron el lugar donde se encontraban, pero los campesinos rompieron el sitio y se dispersaron. La lucha continuó hasta que fueron apresados los cabecillas de la rebelión, a pesar de la clemencia que solicitaron algunos habitantes de Pachuca.

En 1870 surgió otro brote rebelde en el que se levantaron en armas los campesinos de Tilcuautla, Ixcuinquitlapilco y San Agustín. Ellos publicaron algunos panfletos donde argumentaban el movimiento armado, aclarando que no era el bandolerismo del estado, sino revueltas de campesinos que buscaban recuperar sus tierras. Después de varios años volvió la calma, pues los agricultores de Pachuca, al igual que en otros estados, secundaron la rebelión de Tuxtepec debido a que el líder de esta, Porfirio Díaz, prometió la restitución de tierras.

En 1878 volvió a la escena el abogado Francisco Islas, quien retomó las tierras de las haciendas de San Javier en Pachuca y La Concepción en Actopan, repartiendo los terrenos a pueblos cercanos. Lo mismo sucedería por los sublevados contra las haciendas de Zoquital y Vaquerías en Atotonilco, Temoaya en Tula, Tepenené en Actopan, y Chicavasco, Tulancalco y Telemealco, situadas al sureste del naciente estado. Los pleitos legales siguieron; la prensa siguió acusando a los sublevados de comunistas, que propiciaban una guerra de castas.

Thelma Camacho apuntó que la rebelión se apagaría pronto por la derrota de los juicios entablados en los tribunales, que favorecerían a los hacendados en perjuicio de los campesinos. Es relevante mencionar que se conservó el uso de los nombres de los documentos originales.

El libro puede consultarse en las bibliotecas de la UAEH y en la librería Carácter de Ciudad del Conocimiento. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

Con motivo del inicio de las actividades
conmemorativas de los 150 años de la creación del Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo, antecedente de la UAEH, en las próximas publicaciones dominicales, hasta el 30 de diciembre, daremos cuenta de las etapas educativas que han forjado estudiantes, profesorado y directivos de la máxima casa de estudios de la entidad

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