“Fuera lo que fuere había una razón para todo aquello, y una no muy convincente. Probablemente no hubiese nada de lógica en aquella extrañeza razonable”. Esos eran los pensamientos taciturnos que a las cuatro de la madrugada mantenían insomne al inspector de Policía, Sebastián Alcide.
“El comisario era conocido por su sagacidad y en el medio policial se le tenía por un Sherlock Holmes capaz de resolver los casos más difíciles con su capacidad deductiva inigualable, fruto, por igual, de una mente brillante trabajada y una rutina de pensamiento de muchos años.
“En el nuevo caso se volvía a jugar, como en los anteriores, su reputación de no tener ningún caso por resolver. Se encontraba nervioso y ansioso, pero no por su reputación impoluta, que poco le importaba, sino por los detalles del homicidio a los que continuamente daba vueltas sin encontrar una relación que lo llevara a resolver el asesinato mediante el mismo procedimiento que en otras ocasiones lo había conducido al éxito. Los detalles lo llevaban inexorablemente a un callejón sin salida.
“Volvió a repasar en su mente lo que sabía, recombinando por enésima vez todas las piezas, pero sin encontrar, una vez más, el encaje preciso que le llevara a la resolución del caso”. Pensó: “A las siete en punto de la mañana Simón Fuster, encargado de abrir el Banco X, se encontró con la sorpresa desagradable de un hombre muerto en el suelo, justo debajo del cajero automático. Después de aquel susto mayúsculo, se calmó y tuvo la sangre fría de salir a la calle, volver a cerrar la puerta del banco y llamar a la Policía.
“A las 7 horas con 37 minutos llegó la patrulla, que siguió el procedimiento habitual para casos de asesinato. A las 11 horas con 22 minutos, el juez ordenó levantar el cuerpo y precintar el lugar del crimen hasta nueva orden. Se trataba, como siempre, de preservar intacto el sitio para que los peritos lo examinaran a detalle en busca de indicios.
“A las 15 horas con 12 minutos, el capitán González mandó llamar a su oficina a José Ruiz y a mí para que nos encargáramos del asunto, es decir, de esclarecer lo ocurrido en el asesinato del hombre que apareció en el cajero automático ubicado dentro del Banco X.
“A las 16 horas con 42 minutos nos presentamos en el lugar del crimen y realizamos una inspección ocular que no arrojó ningún resultado. Las imágenes captadas por la cámara del cajero, que revisamos media hora después, estaban borrosas y eran poco esclarecedoras. En ellas se veía al difunto entrar dando tumbos, luego bamboleándose frente al cajero y finalmente riendo y cayendo fulminado. En ningún momento aparecía nadie más.
“La autopsia se realizó al día siguiente. El informe estaba en mi mesa a las 16 horas con 44 minutos. No contenía nada que no supiéramos. La muerte se produjo por un solo disparo de bala que atravesó el corazón de la víctima, causándole la muerte inmediatamente. El arma fue una magnum calibre 44. La muerte se produjo entre las 3 horas con 30 minutos y las 3 horas con 50 minutos de la madrugada del día en que se encontró el cuerpo. A decir verdad, las imágenes de la cámara marcaban el minuto exacto del deceso: 3 horas con 44 minutos y 22 segundos. La víctima reía en el momento de morir, las imágenes también mostraban eso…”

Continuará…

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.