Francisco Martín Moreno es acucioso investigador del pasado de nuestro país. Además, tiene una capacidad natural para escribir. Ciertamente lo hace bien.

Es conferenciante, líder de opinión, además de perseverante columnista. De él se define que es autor de las novelas históricas más provocadoras y exitosas de los últimos años. Se recuerdan México negro, Las cicatrices del viento, México mutilado, México sediento, Las grandes traiciones de México, La disculpa, México secreto, México acribillado, México ante Dios, En media hora… la muerte, entre otros.

Es de los más leídos y a la par de los más controvertidos, porque sus aseveraciones parecen echar abajo las que considerábamos verdades absolutas.

Eso igualmente lo presenta en su obra en dos partes, 100 mitos de la historia de México. Y alude a “algunos de los grandes engaños de las que están plagadas las efemérides mexicanas”. Argumenta: “Los perversos mitos que difunde la historia oficial no deben impedirnos configurar una imagen justa de nosotros mismos, una imagen clara que enaltezca y destaque nuestra inteligencia y nuestra dignidad; pero es preciso que descorramos esos velos funestos que, en su empeño por hacer duradero el dominio de uno y otro grupo político, la historia oficial ha difundido irresponsablemente”.

En la presentación, breve por cierto, de 100 mitos de la historia de México, insiste: “Además de los derramamientos de sangre, podemos afirmar que la otra gran constante en la historia de México es la mentira. Es preciso que veamos de frente y sin prejuicios nuestro pasado”.
Algunos ejemplos de lo que trata: “México se fundó donde un águila devoraba una serpiente”. Refiere Martín Moreno: “La apariencia de los fundadores de la ciudad distaba mucho del ideal estético que les han endilgado, y el águila que aún adorna nuestra bandera probablemente nunca existió”.

Otro: “Miguel Hidalgo murió siendo líder de la Independencia”. El autor apunta: “Los alzados estaban prácticamente vencidos: el movimiento acaudillado por Miguel Hidalgo nunca logró consolidar un verdadero programa político y solo había traído consigo ‘robos y asesinatos’, según lo afirma Carlos María de Bustamante en su Cuadro histórico de la Revolución mexicana”.

No se podía dejar de lado un magnicidio: “Toral: el asesino solitario de Álvaro Obregón”. Relata el autor: “El 17 de julio de 1928, mientras Obregón celebraba su triunfo en el restaurante La Bombilla, fue asesinado por el dibujante José de León Toral, un fanático religioso, aunque había sido convencido por la abadesa Concepción Acevedo de la Llata, mejor conocida como la madre Conchita para llevar a cabo el crimen. Ambos fueron procesados y condenados. Toral, pena capital, y la madre Conchita, autora intelectual, a 20 años de cárcel.

“…Varias generaciones de mexicanos creyeron que Toral había actuado solo”. Pero, Martín Moreno dice que el documento oficial de la necropsia, “Certifica que el cadáver del divisionario, (Obregón) presentaba 19 heridas, siete con orificio de entrada, de seis milímetros, una de ellas con orificio de salida y el mismo proyectil que la causó volvió a penetrar y dejó un segundo orificio de salida…”

Y abunda en la descripción de las lesiones, desvirtuando que Toral hubiera sido un homicida solitario, como hasta ahora se cree.

De Editorial Planeta, la primera edición es de 2011.

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