Sírvase esto como ejemplo del famoso dicho “Más papistas que el Papa”: Se ha dicho que es imposible entender a alguien a menos que entiendas su vida sexual. Freud era el más firme partidario de esta idea y aunque hoy en día muchos consideran un tanto excesivo el papel que otorgó a este instinto el neurólogo austriaco, hay otros que pensamos que quizás se quedó demasiado corto.
Bucear en la vida sexual de alguien es una buena forma de entender su personalidad y comportamiento. No pocos asesinos en serie se fraguaron al calor de una moral castrante o una tendencia sexual insatisfecha. El sexo, a menudo, aventaja al intelecto.
¿Qué ocurre cuando ya no queremos compartir más la vida con nuestra pareja? Sin duda lo que Rocío Jurado cantaba, “hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”. El problema está en que nuestra cabeza tarda algunos años en entender lo que nuestra parte sexual ha comprendido a la primera: que la relación está acabada y que de donde no hay, no se puede sacar. Si hiciéramos más caso a lo que nos dicen nuestros genitales y nuestra libido, nos ahorraríamos un montón de disgustos, dinero y abogados, como pasa en los escándalos de hoy en día.
El sexo explica muchas cosas. Por ejemplo, saber que Tarantino es un fetichista del pie nos ayuda a comprender mejor sus películas, de la misma forma que el hecho de que Rihanna admita, en una entrevista al Rolling Stone, que cree que en la cama es un poco masoquista, también explica otras muchas. Antes las estrellas se negaban a hablar de su vida sexual, pero últimamente a algunos mitos les gusta desnudarse en las entrevistas y enseñarnos la trastienda de su relación, sin miedo a las consecuencias que esta confesión pueda tener en su vida profesional y en la opinión de sus fans. Es curioso como muchas celebrities admiten ahora que tienen una relación abierta de pareja. Tal vez porque es la tendencia sexual del momento o quizás porque se adelantan así a lo que serán las relaciones del futuro, y que probablemente incluirán canas al aire con el beneplácito del cónyuge. Si hay algo demodé son los celos, que viven sus horas más bajas.
Famosos partidarios de esta “nueva monogamia” son ya legión. Will Smith declaraba a la revista Now Magazine, en 2008, a propósito de su relación con Jade Pinkett Smith: “Nuestras perspectivas son no suprimir lo que es natural, y es normal que te sientas atraído por ciertas personas. Si esto pasa entonces uno tiene que decirle al otro: Oye, necesito tener sexo con alguien”. Megan Fox y Brian Austin tuvieron también su experimento en 2009, una relación especial en la que la actriz se llevaba la mejor parte, ya que ella sí podía tener sus affaires, aunque él no. En el lado opuesto se encuentra el contrato entre Mo’Nique, la protagonista de Precious, y Sidney Hicks, ya que, aunque a ella no le interesan las relaciones extramatrimoniales, y a su marido sí. “¿Puede Sid tener sexo fuera de nuestro matrimonio? Sí, eso no es una causa de ruptura. No es algo que nos llevaría a decir: Haz las maletas y acabemos con el matrimonio”, declaraba en 2010 según el NY Daily News. Claro que esta actriz tiene un arma secreta para mantener a su marido a su lado, “a él le gustan las piernas peludas” dice Mo, “y si a Sid le gustan, pues ahí las tiene”.
De verdad que no me explico por qué casos de la vida privada de las estrellas del cine de Hollywood nos deben llamar tanto la atención, si hoy todo mundo sabe que eso sucedía, y que no pasaba nada y de pronto ¡zaz!, todo es un tremendo lío moral o inmoral, tenemos cosas más interesantes que ver y hacer en el cine y la televisión que esas.

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