Durante la década de 1980, en pleno auge de la programación neurolingüística o PNL, se hizo patente la postura de las disciplinas psicológicas de enfoque psiquiátrico en torno a la necesidad de mirar bajo una nueva perspectiva la metodología tanto de evaluación como de tratamiento de los trastornos mentales, ya que si la PNL era capaz de corregir lo que anteriormente se resolvía mediante un enfoque terapéutico, ¿qué otras situaciones no se consideraban? A partir de entonces, Oliver Sacks empezó a figurar en la historia de las ciencias.
Famoso por la adaptación de su narración clínica Despertares, a propósito del experimento que sacó de su letargo a un pabellón completo de internos mediante el uso de un fármaco que balanceó la respuesta nerviosa de los pacientes, hasta su deceso, Oliver Sacks fue uno de los médicos más trascendentes de la medicina contemporánea, gracias a su habilidad para la observación, así como una sensibilidad fuera de serie para establecer pistas, detectar anomalías donde no se pensaba que las hubiera y proponer soluciones paralelas al enfoque clásico de la neurología.
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero comprende una serie de casos clínicos además del titular, en el que tras un periodo de convalescencia un músico pierde gradualmente la capacidad para reconocer rostros y, a largo plazo, las connotaciones de lo que involucra distinguir la diferencia entre sujeto y objeto. La anécdota del título se debe a que cuando el músico salió del consultorio hacia la sala de espera, su esposa estaba sentada a un lado de la perchera de donde colgaba su sombrero y la mano del artista fue a la cabeza de ella, que jaló como si fuese el objeto con la intención de colocárselo. Se le diagnosticó prosopagnosia, un déficit neurológico en la identificación entre los códigos “humano” y “objetos de uso humano/creados por el humano”.
Además de ese, casos como el del marino amnésico incapaz de formar memorias nuevas porque el abuso de alcohol dañó su corteza cerebral, el ama de casa que tras una fiebre intensa y prolongada perdió la capacidad para percibir su propio cuerpo, ya que se dañó su propriocepción o el de la mujer que no podía procesar la noción “izquierda” y todo lo que se encontraba en ese extremo de su cuerpo sencillamente no lo percibía, contribuyeron a una visión novedosísima de la medicina, en la medida que permitieron reconocer una condición humana hasta entonces ignorada, consecuencia de fallas en el cerebro y para las que incluso nuestra civilización moderna carece de recursos para identificar.
Tras la publicación de El hombre…, Sacks brincó a la fama de manera estrepitosa y ninguno de sus libros posteriores pasó desapercibido, en la medida que el autor se elevó a la categoría de “antropólogo de las anomalías neurológicas atípicas” –de donde se deriva otro de sus libros Un antropólogo en Marte–, a propósito de la ignorancia humana, además de la insensibilidad médica al momento de reconocer condiciones más allá de la experiencia clínica.
En 1988, respaldado por el prestigio que alcanzó por colaborar con el cineasta Peter Greenaway (The draughtsman’s contract, 1982; Drowning by numbers, 1988), Michael Nyman retomó el caso descrito por Sacks y lo llevó al terreno de la ópera precisamente por la característica central de dicho género: la amplificación de un escenario, así como situaciones de corte humano.
En un ejercicio que se antoja no solo caprichoso sino fuera de todo protocolo, retomó fragmentos completos del prólogo y casi toda la prosa empleada por Sacks para describir el caso y su seguimiento, descontextualizándolo de su nicho natural entre los reportes médicos, para darle un justo tránsito hacia una narrativa musical, hermanada con el caso que describe.
Gracias a la intervención de Nyman, el trabajo de Sacks pasó de una minoría especializada a la cobertura pública, además de instalar buena parte de las referencias estilísticas que darían casi todo el sentido que caracterizó su obra posterior. Pero una vez estrenada la ópera, aunque no gozó de la fama ni la difusión que le han dado sus bandas musicales, sí contribuyó para introducir a Sacks en un ambiente de por sí ajeno al médico, pero que lo enriqueció de manera mayúscula.
Desde adaptaciones cinematográficas de los diferentes casos que componen la obra de Sacks, hasta la participación y consulta de personalidades de renombre, como Jean-Claude Carriere, guionista de Luis Buñuel, con quien estableció una cláusula universal de lo que deberíamos considerar normal: una persona con la facultad para narrar de principio a fin, así sea en líneas generales, su propia biografía, además de subrayar aquellos pasajes importantes por su carga afectiva, con una postura definida en torno a la experiencia individual. Aquel que no pueda lograrlo o que requiera de asistencia para ello, estaría afuera de lo normal.

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