Manuel Alberto Morales Damián

Área académica de historia y
antropología

Chilaquiles, enchiladas, enmoladas, enfrijoladas, quesadillas, tlacoyos, tamales, tostadas, totopos, tortillas. Desde muchos sentidos los mexicanos estamos hechos de maíz. La dieta del mexicano antiguo y moderno está dominada por el consumo del maíz, pero también la cultura prehispánica –que aún vive soterrada en la sociedad contemporánea– se constituyó a partir del cultivo y el consumo de este cereal. La sociedad prehispánica y la actual –dominada por el comercio y el desperdicio– tienen una diferencia sustancial: para la segunda el hombre es un objeto que se vende o un sujeto que compra en un universo hecho de precios, regido por las leyes de la oferta y la demanda; para la primera, en cambio, el hombre tiene una naturaleza sagrada como la del universo que le rodea y su vida tiene un sentido: mantener el orden cósmico.

Para la cultura prehispánica la naturaleza del hombre es la naturaleza del mundo del que forma parte. No se concibe al hombre separado del medio ambiente y ambos –el hombre y el mundo– son considerados manifestaciones de lo sagrado. Tal consustancialidad se expresa en una serie de imágenes metafóricas acerca de la naturaleza del hombre, la más conocida de las cuales es la del “hombre de maíz”.

La imagen simbólica del hombre de maíz se encuentra en muchos mitos, especialmente en el Popol Vuh y sobrevive aún en los relatos consignados en el siglo XX. Para explicar esta metáfora, Eric Thompson tomaba en cuenta que el elemento fundamental de la dieta era el maíz. El maíz es el principal sustento del hombre y la vida gira en torno a las vicisitudes de la milpa ¿qué hay de extraño en considerar que la sustancia que constituye al hombre sea justamente el maíz? Sin descartar esta explicación, casi fisiológica, el análisis cuidadoso del Popol Vuh, y de los mitos nahuas realizado por Mercedes de la Garza, logra rebasarla. Ella hace notar que si el hombre está hecho de maíz es porque esa planta es la sustancia, el sustento de la conciencia. Explica que la conciencia le permite al hombre conocer y cumplir su misión en el mundo: alimentar, servir, reverenciar a los dioses.

En los mitos se narra que los primeros hombres fueron hechos de madera, barro u otra planta, pero sus cualidades no fueron las adecuadas. Aquellos hombres no sirvieron porque no sabían reverenciar a los dioses y por ello finalmente se les destruyó. Solo los hombres hechos de maíz cobraron conciencia de su deber: orar, realizar sacrificios, dedicarse a atender a las divinidades.

Hoy en día, debido a la influencia del cristianismo algunas comunidades afirman que el hombre está hecho de barro, pero en tales narraciones míticas finalmente se indica que el hombre adquiere su verdadero ser hasta que consume el maíz. Sigue vigente la estructura de pensamiento prehispánico, aunque los detalles sean diferentes: el maíz es una sustancia divina, es un trozo de carne de Nuestro Padre y es el que produce el entendimiento.

En el pensamiento prehispánico no existe una oposición materia-espíritu como en el pensamiento occidental. El grano de maíz es sustancia material sí, pero poseedora de una sustancia sutil: la conciencia. Así que al maíz se le respeta y es considerado una piedra preciosa, una gracia divina y una deidad. Los hombres hechos de maíz son por ello los Auténticos Hombres.

Lecturas recomendadas: Mercedes de la Garza, El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Mayas, 1990.

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