Fue alumno y catedrático en la UAEH; presidente del IEE y rector de la Universidad La Salle

Pachuca.- Al paso de los años, de Horacio Mejía Gutiérrez bien puede decirse que ha sido exitoso en el equilibrio de variadas actividades, y de estas consolidó su eterna vocación: ser médico cirujano.

Además, fue alumno y catedrático en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); presidente del Instituto Estatal Electoral (IEE), y si algo más lo distinguiera, rector de la Universidad La Salle.

Nacido en el entonces Distrito Federal (DF), vive en Pachuca desde los seis meses de edad, y por eso consiente, con su impecable cortesía: “Soy pachuqueño”.

Estudió la primaria en la escuela particular Julián Villagrán y después ingresó al Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA), en lo que fue el último año de este, en 1960.

El mismo ICLA que en 1943 fue militarizado. Faltaban dos años para que concluyera la segunda Guerra Mundial. México era parte de los aliados contra un terrible eje: Alemania, Italia, Japón.

Aquella riña

Da pie a confesión, añejada por el tiempo. “En ese 1960 tuvimos un enfrentamiento contra politécnicos. Fue parte de mi novatada. Riña severa con puños, solo con puños”.

Después de cinco años, acreditado el bachillerato, cumplió su sueño: estudiar medicina. Cuenta que había propedéuticos de tres años enfocados a la carrera en ciencias de la salud. En la Escuela de Medicina obtuvo el Premio Landero de su generación, 1960-1965. Mejía Gutiérrez logró un promedio de 8.9.

“Como se estilaba, los dos primeros años estuve aquí y los restantes en la Ciudad de México, en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).”

Titulado en 1971

Fecha que no olvida: el 19 de octubre de 1971 obtuvo el título de médico cirujano, otorgado por tres sinodales. Tesis: Trabajo comunitario en Jacala.

“Inicialmente trabajé en Tulancingo, en el sanatorio Saucedo. Después de cuatro años en servicios médicos del departamento del DF, ya en funciones de cirujano especialista.”

Regresó a Pachuca y en 1978 abrió puertas el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde fue el primer jefe de cirugía.

“En 1979 ingresé al IMSS. El delegado era Jacob Prado Calderón y mi primer jefe Jorge Gómez. Fui subdirector del turno vespertino y jefe de cirugía.”

También en ese 1978 lo invitan a la Autónoma de Hidalgo para impartir una clínica. “Permanecí en la casa de estudios hasta 1990, como maestro en gastroenterología”.

En la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desempeñó otras comisiones; lo invitaron a ser director en la Escuela de Medicina, aceptó, fungiendo de 1991 a 1994. También fue consejero maestro por medicina en el Honorable Consejo Universitario, de 1988 a 1991.

Cuenta, reposado, como si estuviera en reunión con los camaradas de entonces. Suele sonreír y escucha, es atento con Evaristo Luvián, historia viviente de la Autónoma de Hidalgo.

“En 1994 me llamaron para asumir la coordinación de investigación y posgrado. La máxima casa de estudios se convirtió en un referente natural. Cuando he regresado me atrapan los recuerdos; dulces y amorosos recuerdos. En ella estuve hasta 1996.”

médico cirujano,Horacio Mejía

Paciente especial

Como médico tuvo un paciente especial: Gerardo Sosa Castelán.

“Me habló y me dijo que tenía un ligero dolor. Nada grave, me insistió. Lo valoré, era apendicitis. Internado en el (hospital) Santa María lo operé a las 16:30 horas. Reiteraba que todo debía ser rápido; tenía asuntos que resolver.

“Sus palabras, más o menos, fueron que lo interviniera y que lo diera de alta. Le expliqué que después debía verificar su estado, que era parte de un protocolo. Le insté que descansara. Salí y retorné después de las 19 horas, y me sorprendí cuando me informaron que el paciente ya no estaba. Se había ido.

“Pude localizarlo y me respondió con un ‘no te preocupes, doctor, quedé bien’.

“Y sí, estaba fuera de peligro.

“Es el mismo Sosa Castelán que dio un viraje en la historia de la universidad. Una institución diferente antes de él y otra que cambió por completo. Siempre emprendiendo acciones para mejorarla. No solo en infraestructura, sino en programas, nuevas carreras (profesionales), apoyo a la docencia, a la investigación.

“En 1978, institución avasallada, ninguneada. Advertido desde que llegué, la Escuela de Medicina tenía una alta deserción. Algunos jóvenes ingresaban por presiones familiares. Eso cambió.

“Se emitió el acuerdo administrativo número dos, respaldado por todos los directores, funcionarios, y dio entrada al Proyecto Integral de Transformación Académica.

“Se respetó la normatividad; se fijó como único acceso a la casa de estudios el examen de selección y respeto a los resultados.

“Empezamos a trabajar con proyectos sustentables que generaron ingresos a través de empresas universitarias.

“Como yo, muchos, muchos coinciden: si a alguien particularmente se le debe, es a él (Gerardo Sosa).”

Cuatro rectores

Colaboró, cercano, con cuatro rectores: Juan Alberto Flores, Juan Manuel Menes, Gerardo Sosa y Juan Manuel Camacho Bertrán.

Expresa de la autonomía universitaria: “Se ha manejado desde el punto de vista del autogobierno, permitido a través de mecanismos de evaluación. Ver fortalezas, oportunidades o riesgos. Con esto se hace un proyecto acorde a la realidad”.

Sus actividades tomaron rumbo insospechado: “En 1996 me convertí en consejero ciudadano de lo que fue el primer Instituto Estatal Electoral; asistía a las sesiones; me gustaba ser partícipe de los nuevos senderos que recorría el estado. Y me eligen presidente del IEE para el periodo 1998-2002.

“Me tocó la elección para gobernador. Recuerdo a contendientes: Manuel Ángel Núñez, Francisco Javier, Miguel Ángel Granados Chapa. Proceso aseado que se plasmó cuando representantes de todos los partidos firmaron constancia de mayoría. Legitimaron; nadie impugnó los comicios. En lo personal, valioso estímulo”.

Comenta que en la máxima casa de estudios de la entidad fue compañero del exmandatario Jesús Murillo y consolidó firme amistad con el expresidente municipal Mario Viornery. Es su compadre, padrino de su hija.

No olvida que se incorporó como director del hospital del niño DIF y le tocó la que llama gestación del nuevo nosocomio.

Una dama inolvidable

“Colaboré muy identificado en sus propósitos con la señora María Elena Sañudo de Núñez, lamentablemente ya desaparecida. Laura Vargas de Osorio era mi jefa directa.

“Estuve con la señora Sañudo un viernes, tres días casi antes de su deceso. Nunca he olvidado sus amabilidades y entrega al trabajo.”

Pero accedió a nuevas responsabilidades, cuando ya en la Secretaría de Salud lo designan director de hospitales. Acumuló 31 años de antigüedad en ese sector.

Sobreviene lo de La Salle

“Había sido integrante desde 1999 del consejo de gobierno de la institución y en 2009 me distinguieron como rector, cargo que desempeñé hasta 2015.”

Pese a ser auténtico profesional de la medicina y haberse desempeñado en varios puestos, procuraba no abandonar su consultorio, en destacado ejercicio privado.

El doctor Horacio Mejía Gutiérrez está casado desde hace 47 años con María del Carmen Pesquera Eddy, licenciada en relaciones públicas. Tienen tres hijos: José Horacio, ingeniero electromecánico; Ricardo, economista, máster; y Mónica, licenciada en relaciones internacionales y traductora de japonés e inglés.

Gusta del futbol y le va al Pachuca, aunque con predilección por el balompié inglés. Jugó como portero en la preparatoria. Mide 1.76 metros.

Culmina con un emotivo:” La vida ha sido generosa conmigo. No me arrepiento de nada en lo que intervine o realicé. Soy afortunado”.

médico cirujano,Horacio Mejía

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