La serie “Club de Cuervos” abordó un sinfín de problemáticas que conciernen al balompié de la vida real. Entre ellas se recreó la fundación del sindicato de futbolistas encabezado, tanto en el programa como fuera de él, por Rafa Márquez. Desde la aparición de esta asociación se trajo a la mesa la percepción del deportista como trabajador, no como figura pública o virtuoso del juego.

El viernes, los Tiburones Rojos del Veracruz saltaron a la cancha y se quedaron estáticos durante 99 segundos. Entonces, el rival en turno, Tigres de la UANL, disparó a la portería y anotó. Minuto y medio después, lo volvió a hacer. Al minuto cuatro con veinticinco segundos, el cotejo se puso en marcha de manera mecánica, sin un solo rastro de espíritu deportivo. Aquel viernes 18 de octubre de 2019 podría marcar un precedente en el reclamo de la justicia salarial para los deportistas en México.

Previo a la protesta, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) ofreció una solución: otorgar un préstamo al conjunto escualo de 18 millones de pesos para cubrir la nómina del primer equipo, filial femenil e inferiores, siempre y cuando se realizaran las denuncias correspondientes ante la comisión de controversias. Dicho de otro modo, los de pantalón largo, nada ingenuos, buscaron jugar en su cancha y bajo sus reglas. Pero la justicia no puede ser burocrática.

A nivel deportivo, Veracruz está muy cerca de consolidar la peor racha en la historia del futbol profesional. No se puede ser resultadista y creer que la situación únicamente se debe a un pésimo esquema de juego o incluso una maldición. Como ha ocurrido en otros clubes como Chivas o Cruz Azul, la génesis de esta degeneración deportiva tiene su epicentro en las oficinas del tiburón mayor.

Fidel Kuri, el dueño más polémico de la Liga Mx, ha sido señalado en múltiples ocasiones por su despotismo y manejos opacos de una institución privada con alto impacto en el sector público estatal. Ahora, con la crisis económica que supone haber comprado el puesto en primera división, los jugadores han puesto la mano en el escritorio con razones justas. Luis de la Fuente no es el único “pirata” en el puerto jarocho.

Estamos ante un drama televisivo que ni siquiera la serie de Netflix habría podido imaginar. En otros países, como mencionó Robert Siboldi, la situación se habría solucionado sin escándalos mediáticos. Acá, lamentablemente, armamos circos sumamente costosos que a nadie dan risa.

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