Denotando algunos de mis gustos musicales y, de paso, destrozando un poco la inspiración de Fernando Delgadillo, hago una pequeña alusión al poco fácil y mucho complejo problema de la corrupción.

Ahora sí, de entrada, ¿Existe la corrupción solo en México? De salida, ¡No! por supuesto que no. Aún recuerdo una ocasión en que realicé un viaje por tierras lejanas (mmm pensaba dejarlo en el anonimato, pero debo decir que fue en Hungría, no les voy a encubrir su corrupción) y, al subir al tren, el boletero hizo la sutil indicación de que mi pase de abordar no era suficiente y que necesitaba compensarle mi ascenso al ferrocarril con unos cuantos euros más (30 para ser exactos) muy de mala gana, se los di porque si no, me bajaba. Al subirme, me empecé a quejar con un ruquito gringo con el que compartí camarote, quien con total desenfado me dijo: ¡Pero si es como en México! Cada vez que lo recuerdo le miento la madre.

El caso es que ese estigma como que pesa. Ciertamente hay un trasfondo histórico desde la época de la Colonia en que los conquistados tentaban con su pago al caporal para evitar sus malos tratos, pero… ¡Ya! ¿no? ¡Ya hay que superarlo! con todo y el supuesto esfuerzo del gobierno federal, las cosas deben ir más, (como dirían en la célebre canción de Frozen) mucho más allá.

No basta con evitar aceptar dádivas, hay que evitar ofrecerlas y alimentar así tantos ciclos de corrupción que no hacen sino seguir dañándonos. Lo sé. Debo sonar entre iluso e idealista, pero bueno, creo que no seré el único. Ahí tenemos a las diferentes ONG quienes hacen y representan un esfuerzo serio por avanzar contra ese mal que empieza desde la casa y la escuela, y avanza hasta la empresa y el gobierno, abarcando en conjunto a la nación (Total, nada).

Por ello y como respuesta a las demandas sociales (voooooooy dijera la Tuzita) lanzo mi postura ante tan lamentable práctica: rectos y honestos como antes, firmes y fuertes en el presente y, unidos y seguros por el futuro (no, no, no, si para dicharachero…)

Ya que, si a alguien le molesta mi comentario, ¡Con uno de a mil lo borro! Jaja.
Saludos.

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