Porque soy mujer como cualquiera con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor. Libre como gaviota, felina como leona. Tranquila y pacificadora, pero al mismo tiempo irreverente y revolucionaria. Sumisa por condición, pero irreverente por opinión. Pero soy mujer, con todas las incoherencias que nacen de mí. Fuerte sexo débil.

Yo admiré a Lupita D’Alessio mucho antes de que la etiquetaran como la Leona Dormida. Siempre he lamentado que confundan su espectáculo con el feminismo, o que exhiban su fragilidad como ocurrió en la serie recién transmitida por Televisa. Doña D’Alessio es una mujer que canta con el alma. Su historia personal es toda suya, sus interpretaciones ya son nuestras.
Recuerdo que en 1970 además de “Mi corazón es un gitano”, yo escuchaba otras melodías infantiles y optimistas en esa voz. Poco después interpretó temas de telenovelas que empezaban a tratar temas llamados “fuertes” para la época, como el adulterio o la pasión de una noche. Fue entonces cuando se topó con la gran compositora Lolita de la Colina y juntas triunfaron en el festival de la OTI 78 al presentar una canción sensual y provocativa. La interpretación de Lupe fue memorable, ganó el nacional y el internacional.
En 1981 le regalaron la letra de “Mudanzas” de la compositora brasileña Vanusa, y se volvió su más grande éxito. Por primera vez en la radio comercial se escuchaba en México una letra diferente sobre una mujer decidida, fuerte, queriéndose, reconociendo lo que le impide desarrollarse, lo que desea ser. En ese tiempo yo era una adolescente y en las fiestas, ya en la madrugada, mientras mis amigos ponían a José Alfredo, nosotras empezamos a poner a Lupe para cantar a todo pulmón que íbamos a cambiar. Al poco tiempo, ella hizo una película y fui al cine. Me sorprendí, mujeres de todas las edades, niveles educativos y sociales, cantaban a coro cada canción. La volvieron su representante para reclamarle al hombre infiel, para prometerse cambiar, para rechazar a los machos que no las quieren, para enamorarse de un buen machín. Pero eso, eso no es feminismo. Tampoco hembrismo, las canciones de Lupe son simplemente expresiones de ratos que podemos vivir, que nos llegan si tienen algo que ver con nuestro sentimiento de ese momento, con la experiencia vivida. Todavía me recuerdo –aún lo hago jeje– cantando a coro con ella: “te estás pasando, si ella supiera cómo te estuve besando”; “cuánto yo te pude haber amado si me hubieras encontrado justo antes de sufrir”; “vieras cuántas ganas de tenerte cerca pegada a tu aliento hasta hacerte sentir lo que siento por fuera y por dentro”; “usted no puede ser mi amante, ni de broma, usted no sabe ni besar como yo beso”; “como tú sé que necesitaba fracasar, para luego como tú saber amar…” Escucharla en vivo –lo he hecho tantas veces– es la oportunidad de palpar todas las emociones.
Lupita, nuestra eterna voz de mujer, no es feminista, aunque sus letras movieron y provocaron. Cuando quiero aprender sobre feminismo leo o debato, pero cuando deseo expresar sensaciones de este género que me marca, recurro a la querida Lupita, voz de mujer que insiste en dejar de ser niña para ser mujer.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.