Luego que el presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó que Hidalgo sigue siendo la entidad con mayor robo de combustible en todo el país, el gobernador Omar Fayad reconoció que efectivamente el estado sigue siendo azotado por los huachicoleros, aunque matizó diciendo que el fenómeno se debe a la cantidad de ductos que pasan por territorio estatal. Hidalgo es vulnerable al robo de hidrocarburo, planteó Fayad, porque además es sede de una refinería: “Por ello, es evidente que haya más huachicoleo”. ¿Es suficiente argumentar que debido a que por nuestro subsuelo pasan kilómetros de ductos y porque tenemos una refinería somos vulnerables al huachicoleo? Quizá si la entidad tuviera otros niveles de desarrollo, si no hubiera esas franjas de pueblos y comunidades empobrecidas otro gallo nos cantaría. El fenómeno de la “ordeña” persiste porque es una práctica que se toleró durante el sexenio pasado e incluso se practicó por los propios trabajadores de la empresa productiva del Estado. Prevalece por las condiciones de pobreza y marginación que distinguen a Hidalgo y entidades vecinas como Puebla y Estado de México. El robo de combustible además sigue siendo una puerta fácil para salir de la pobreza pese a los riesgos que ello implica. ¿De qué depende que Hidalgo se libre de la plaga del huachicoleo? Parte de la respuesta es el plan que echó a andar el gobierno federal desde el año pasado, pero sin duda desaparecerá cuando las condiciones de desarrollo y bienestar de la población cambien radicalmente. De filón. El entuerto en el Congreso local del cual hablamos ayer sigue intacto. Mientras la presidenta de la junta de gobierno María Luisa Pérez Perusquía afirmó que no hay marcha atrás con la designación de los consejeros del ITAIH, la bancada morenista pidió a la diputada Susana Ángeles Quezada, toda la información relativa a dicho proceso…

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