Huejutla: la caja de resonancia

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Jorge Luis Bautista

Juan Oviedo Bernal

Analista e investigador político. Exdirector del Instituto Estatal
del Transporte

Quienes hacen política en Hidalgo saben muy bien que quienes triunfan en la Huasteca tienen un triunfo asegurado. Así fue con Murillo Karam, primero diputado federal, después senador. Luego Manuel Ángel Núñez inició su primer evento en Huejutla, donde los campesinos “le pidieron” buscar la candidatura para gobernador. Luego Miguel Osorio desplegó su trabajo político y se alzó con el triunfo. Omar Fayad primero fue diputado federal por aquella región y hoy es gobernador.
Siempre la Huasteca hidalguense es y será tierra de todos, allí cada uno de los candidatos priistas a la presidencia de la República visitó esa tierra prodigiosa. El mismísimo Luis Donaldo Colosio inició allí su campaña, después del levantamiento zapatista en Chiapas, donde pretendía iniciar.
Huejutla de Reyes simboliza el granero electoral de un gobierno, local o federal, donde la corporativización del voto es preludio de un triunfo electoral.
Tierra de grandes contrastes, la Huasteca hidalguense es también hoy el eco de un grito desesperado donde el conflicto social es una realidad insoslayable. Con comunidades que aún hablan el náhuatl al 100 por ciento y la práctica común de una política voraz que todavía mantiene grandes sectores en la marginación y la pobreza. Huejutla es hoy el rostro de una inconformidad generalizada. La expresión más sublime de un pueblo enardecido con sus enemigos históricos, la pobreza, la marginación, el atraso, la inseguridad, la falta de oportunidades, la falta de certeza jurídica en sus tierras, etcétera, tienen a Huejutla entre la dádiva y la concientización colectiva.
La visita que ayer hizo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la histórica Plaza del Reloj es un parteaguas en el Hidalgo priista que avanza sigilosamente por el camino de la alternancia y la democratización de la vida institucional. La visita de hoy rompe un paradigma del control comunitario, vía delegados municipales y líderes comunitarios. Ninguna acción coercitiva redujo expectativas y menos detuvo la asistencia y participación en masa a ese encuentro con la historia. La asistencia masiva para escuchar a AMLO es una llamada de atención al gobierno estatal que aún se empeña en la compra de voluntades, vía Prospera o acciones de represalia. El evento de ayer fue una muestra de un pueblo cansado de tanto esperar. Un pueblo que tiene marchita las ilusiones y al que le han robado hasta la esperanza; un pueblo que nada tiene que perder.
Resultó emocionante ver campesinos, maestros, jóvenes, mujeres, adultos mayores, profesionistas, comerciantes, religiosos, transportistas, empresarios y, sobre todo, muchos priistas con hartazgo sin igual, que escucharon el mensaje del tabasqueño y renació en ellos el halo fugaz esperanzador de un horizonte diferente. Ninguna acción será suficiente para detener un pueblo como los huastecos. Quien intentó detener la marea humana, no conoce la Huasteca, este pueblo indomable que nunca pudo ser conquistado por el invasor español.
Ayer AMLO vivió y sintió lo que un pueblo agraviado exige. Contempló emocionado la organización de los huastecos y escuchó los reclamos. “Nunca más un cambio sin nosotros…” le dijeron.
¿Qué nuevas formas de operación política de los cuadros tradicionales priistas resultarán de esta histórica visita? La elección de julio será el mejor resultado.
Muy pocos eventos endulzan la estadía. Pocos eventos retumban en el estado. Pocos eventos con los candidatos presidenciables. Pero más, pocos donde un pueblo se desborda con ansias de cambio y transformación. La caja de resonancia de la política hidalguense, Huejutla, mantiene el eco más allá de sus fronteras.

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