Mario Cruz Cruz y
María Soledad Espinoza Lozano

El pensamiento estratégico es la capacidad para generar escenarios sobre el futuro, permite el logro de los objetivos planteados y utiliza la prospectiva para incidir en la realidad en un entorno cambiante.

Ese tipo de pensamiento lo emplean los grandes centros de poder mundial para generar estrategias de seguridad nacional, para prevenir catástrofes ambientales, contrarrestar las crisis económicas y hacer frente a las agresiones de enemigos externos e internos. De hecho, en los países primermundistas el prevenir los conflictos futuros se ha convertido en un campo del conocimiento que los tanques pensantes (think tanks) cultivan para alertar a gobernantes o empresarios para fortalecer la gobernanza global o mantener sus ganancias.

En el ámbito gubernamental, la toma de decisiones empleadas por las naciones desarrolladas se implementan a partir de procedimientos científicos administrados por las políticas públicas (public policy), un campo disciplinar cuya importancia es que las actividades de los funcionarios públicos sean lo más asertivas posibles y se ejerzan a partir de estudios científicos y no de ocurrencias o percepciones ideológicas. Ni el “fuchi, caca” ni el “yo tengo otros datos” aquí tiene cabida.

La profesionalización de la política es entonces un proceso que no está a merced de los vaivenes políticos, sino deriva de un proceso de largo plazo para asegurar la salud de las instituciones mediante la planificación, implementación y evaluación de toda acción gubernamental.

En México no han proliferado las escuelas de pensamiento estratégico porque la función pública sirvió por mucho tiempo como un espacio capturado por los intereses de la clase política gobernante, a quien no le interesaba solventar las necesidades de la población, sino generar adeptos electorales que les permitiera mantener su sistema de privilegios. Al mismo tiempo, las estructuras institucionales funcionaron para establecer relaciones clientelares con la población porque que nunca se aspiró a formar una ciudadanía crítica, sino individuos cuya voluntad se compraba (y se sigue comprando) con migajas de la riqueza nacional.

Los funcionarios públicos en nuestro país en su mayoría no son nombrados de acuerdo a su perfil profesional, sino son resultado del pago de favores políticos, nepotismo, compadrazgo o por esquemas de corrupción que ocasionan que la administración pública funcione “coja” y que ocasiona rezagos estructurales que han profundizado la pobreza, incrementado el desempleo y se ha sostenido la dependencia tecnológica con el exterior.

Entonces, se puede indicar que la falta de profesionalización de los funcionarios públicos es un área de oportunidad que el gobierno actual deberá de tener en el centro de la estrategia nacional para el desarrollo, porque aunque haya buena voluntad de combatir la corrupción, si no hay expertos en las áreas prioritarias se hará un cuello de botella en la administración que requiere perfiles técnicos bien definidos y que no podrán realizar solamente personas que provienen de la marcha, el mitin y la protesta.

Frente a la falta de pensamiento estratégico y de profesionales en el quehacer gubernamental, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) ha creado recientemente el programa de doctorado en políticas públicas (DPP), el cual responde a la necesidad de formar especialistas de alto nivel para atender diversas problemáticas en el campo de las políticas públicas y la acción gubernamental. Seguros estamos que ese tipo de ejercicios académicos responden a las necesidades de nuestro tiempo y que dará resultados en el mediano plazo para que los que ocupen los cargos públicos sean los que más sepan y no los que mejor redes de compadrazgo tengan; el estado de Hidalgo y México seguramente lo agradecerán.

Las políticas públicas son un campo disciplinar transversal en el que todos los cientistas debieran de contribuir si realmente quieren transformar la orfandad de pensamiento estratégico que nos permita construir un país a la altura que queremos y no de la que cada elección dicte un ocurrente gobernante. ¡Ese es el reto!

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