Zacnité Olguín Hernández

Los huertos escolares son espacios de cultivo que se ubican en la periferia escolar y que están bajo el cuidado guiado de la comunidad educativa, padres de familia, maestros, alumnos y de ser posibles asesores que guíen y vigilen el cumplimiento de los objetivos.

La FAO (organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre) en 2010 en su publicación “Nueva política de huertos escolares” propuso el huerto escolar como estrategia de enseñanza para la educación básica, y describió los siguientes beneficios:
a) El consumo de hortalizas específicas puede tener un efecto importante en la salud de los niños.

b) El cultivo y la preparación en las escuelas de alimentos del huerto aumentan las preferencias de los niños por frutas y hortalizas saludables.

c) El cultivo de alimentos hortícolas, junto con la educación alimentaria, se traduce en cambios voluntarios en los hábitos de consumo de alimentos.

d) Las actividades hortícolas, sobre todo con un enfoque orgánico, mejoran la comprensión de los niños sobre el medio ambiente y su actitud hacia él.

e) La experiencia práctica y el aprendizaje realizando las actividades induce una tasa de retención muy superior a la de la enseñanza teórica.

Los cuales se potencializan y expanden al momento de integrar los contenidos curriculares.

En la población urbana el huerto resulta una verdadera aventura para los escolares y preescolares que descubren los procesos biológicos naturales desde la preparación de la tierra a través de una composta, la siembra, cuidado, fumigado orgánico y cosecha, hasta el consumo; ya que muchas veces ellos no saben de dónde vienen los alimentos y en esta actividad conocen y le dan sentido. Lo mejor llega cuando después de la resistencia al consumo habitual de las hortalizas, las prueban y paulatinamente las integran a su dieta. En este tipo de población el escaso consumo de hortalizas en la dieta no es porque no se puedan adquirir, sino porque no son de su agrado, o simplemente no conocen la planta en su forma natural; pero existe evidencia que después de un trabajo periódico en el huerto incrementa su aceptación y consumo.

En el área rural la estrategia tiene un doble impacto, ya que si bien es cierto que los niños tienen un importante consumo de azúcares refinados y productos industrializados, de igual manera tienen limitaciones para acceder a productos frescos y seguros, por lo que el huerto es también una estrategia de seguridad alimentaria, al cuidar y producir sus propias hortalizas para el consumo incrementan la variedad de su dieta y la biodisponibilidad de micronutrientes, sumado a todo el proceso de educación alimentaria que conllevan estas actividades que son de gran beneficio para la población.

Actualmente la estrategia es aplicada por los estudiantes de la licenciatura en nutrición de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en las asignaturas de prácticas integradoras cuatro, del sexto semestre, y de programas de alimentación y nutrición en octavo, donde ejecutan esas estrategias dejando beneficios permanentes en la población atendida.

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