Metraje encontrado: técnica narrativa comúnmente usada en las películas de terror. Es una especie de falso documental. Todo o una parte esencial del filme de ficción aparece como si se tratara de un material descubierto. Cada evento en pantalla es visto a través de la cámara de uno o de otros personajes involucrados, a menudo acompañados por comentarios en tiempo real. Son los propios actores, quienes, para darle credibilidad o realismo, se encargan de la fotografía en la medida que interpretan su papel.

Huéspedes (Estados Unidos, 2015) es un claro ejemplo del metraje encontrado, y es también ejemplo claro del metraje encontrado bien logrado. El mérito lo comparte su director, el cineasta de origen indio Manoj Nelliyattu Shyamalan, con dos jóvenes actores que además formulan un cuento intrigante y estremecedor a partir de tomar la cámara por asalto.
Y bien, aunque se trata de una técnica a la que varios directores del género recurren, ahí tenemos los burdos ejemplares de Actividad paranormal (2007), El proyecto de la bruja de Blair (1999), con su reciente secuela (2016), o la española Rec, con su copia gringa Cuarentena (2008), por mencionar solo algunos, Huéspedes asume el recurso narrativo y lo vuelve útil para activar las emociones de una historia con cucharadas de terror y thriller, a través del ojo de dos millennials urbanos, confrontados con los trastornos de dos viejos en una fría locación rural.
Inserto, como ya pusimos, en el universo millennial, en el que el ejercicio de grabar dejó de ser exclusivo de una lente profesional ante el mayor acceso y cercanía con la tecnología, un metraje encontrado luce conveniente. Aquí se formula una historia contemporánea, en el cotidiano, con toda la información audiovisual que generamos al momento, una experiencia extraordinaria podrá devolvernos la capacidad de asombro.
¿Y cómo sorprender al público que ya sabe cómo operan los falsos documentales? Son bastante predecibles: camarógrafo con pulso inestable, puedes escuchar su agitada respiración ante lo desconocido, sonidos a la distancia de un objetivo que quiere ser descubierto pero antes prefiere jugar, luego ¡¡¡zaaas!!!, algo lo golpea, cae, junto a él la cámara que sigue grabando, se ve su rostro captado en infrarrojo ante la oscuridad, luego algo lo arrastra y por la pantalla solo se ve el recorrido de un cuerpo arrastrado que desaparece, con dos dramáticas líneas en la grabación ciega que registra fecha y hora.
Algunos de estos lugares comunes no son desestimados por Nelliyattu Shyamalan, pero no se convierten en las únicas monedas de su presupuesto y esto le da oportunidad para no exprimir a la vaca flaca y explorar otras posibilidades. Hay un muy interesante trazo simétrico en su guion: dos adolescentes frente a dos ancianos. Aunque los viejos cargan con un costal enorme de enfermedades mentales, los más pequeños no se quedan atrás en el historial de traumas. Ambas partes contienen sus problemas psicológicos lo más que pueden, pero la altura de las circunstancias lo hace cada vez más inevitable.
¿Quiénes son ellos? Su madre les dijo que eran los abuelos que nunca conocieron. No hay motivo para dudarlo, son afables y consentidores, ella hornea ricos panes, él corta la leña para mantener el calor en casa. El problema llega más tarde, cuando la transparencia de la noche desnuda los secretos.
A esa altura del avance, la duda creciente de los jóvenes protagonistas y creadores de un documental sobre la familia que ignoran, es general y compartida con el espectador, ¿quiénes son? ¿Qué son? Está la evidencia del deterioro senil, que hace que las personas actúen de forma extraña, pero, ¿hay algo más?
No habrá un solo momento en ese metraje encontrado en que dejes de preguntártelo, de ahí que la propuesta sea tan recomendable para disfrutarlo, si te apasionan las películas que no te dejan tranquilo. Incluso funciona como un producto compatible con el público adolescente al que debemos contenidos que acordes con las demandas de su inteligencia.

Comentarios