Su caso

El 27 de septiembre de 1983 definió la vida a la que se enfrentaría Hugo César López Hernández, desde el principio luchó para ganar un lugar en el mundo, luego de un parto complicado donde perdería la vida, los médicos decidieron su destino y lo ayudaron a ver la luz con fórceps, ese instrumento que presionó su frágil cabeza hasta ocasionarle un daño irreparable, que derivaría en trastornos durante su crecimiento.

Los primeros avisos sucedieron cuando con meses de vida tenía dificultad para indicar correctamente dónde estaba ubicada la boca, la nariz y los ojos; incrementaron cuando sus primeras palabras no eran entendibles, cuando al aprender un juego nuevo caía ocasionándose lesiones, pero todo se definió cuando ingresó a primer grado de primaria y las profesoras se daban cuenta que debían explicarle más de cuatro veces los conceptos, hasta segundo año cuando fue declarado con déficit de atención y ante la negligencia de sus profesoras y las constantes burlas de sus compañeros, su madre decidió que no estudiaría más; acudió en busca de escuelas especiales a las cuales en la década de 1990 podían acudir únicamente quienes tuvieran un buen ingreso económico.

“Mis compañeros fueron los primeros que empezaron a denigrarme, me golpeaban y las maestras se desesperaban cuando tenían que explicarme constantemente las cosas. Jamás regresé a la escuela, aprendí lo básico en cuanto a lectura y escritura, yo creo que me dio demasiado miedo regresar a las burlas de mis compañeros; cuando crecí y ante la falta de estudios conseguí un empleo como ayudante de albañil a los 15 años, donde sucedió lo mismo, mi jefe siempre me preguntaba: ‘¿no sabes o no entiendes?’”.

Luego de cinco años con un sueldo de 110 pesos diarios, a la edad de 20 años consiguió un trabajo que lo marcó aún más, ingresó como personal de limpieza al Servicio Médico Forense (Semefo) de esta ciudad, su labor sería limpiar los pasillos a cambio de mil 800 pesos quincenales, o si prefieren 900 semanales, sin ningún tipo de prestación, “todo lo que viví ahí es algo que me atormenta constantemente porque además de mis labores de limpieza en los pasillos, también me dejaban tareas como limpiar cadáveres, coserlos o lavar las planchas. Todavía pienso en eso porque a veces tengo pesadillas sobre todo lo que vi en ese lugar; de ahí me despidieron por defender a mi jefa directa”.

La discriminación es un tema que debe tomarse en serio, consciente o inconscientemente hemos sido víctimas o hemos colaborado con ella; pensar y expresar nuestro rechazo a las personas por su grado económico, laboral, físico, sexual o social. La siguiente es una historia de vida que día a día enfrenta el dolor emocional que ocasiona nuestra falta de entendimiento ante la escasez de oportunidades en este México desigual

Después llegó otro empleo, uno y muchos más, todos con un sello de abuso laboral, de discriminación reflejada en ofensas y humillaciones, “no me voy a atrever a decir que todo es malo, en los diferentes trabajos siempre encontré compañeros que ayudaron y que principalmente me entendieron, el problema más grande siempre fue el sueldo, por eso no pude quedarme en donde recibía buen trato”.

El 20 de septiembre cumplió tres años laborando como chofer en una empresa de productos químicos, un sueldo de mil 500 pesos semanales y ninguna prestación básica como seguro médico, a cambio de un horario con entrada a las 9 de la mañana y salida incierta, “ahí lo más difícil son las humillaciones de una compañera que tiene la confianza de mis patrones, lo que dice es la verdad sin poner en duda jamás su palabra. Dice que pertenezco a una bola de ‘pobretones’, me pregunta si soy estúpido cuando se altera y en varias ocasiones me ha acusado de robarme el material, lo cual es mentira.

“Son muchas las veces que me he cansado y he querido renunciar, pero repito que mi falta de estudios siempre fue y supongo que será un obstáculo en mi vida, tengo necesidad de trabajar y aún con mi déficit de atención desde luego que tengo ganas de salir adelante y superarme como cualquier otro ser humano. No es fácil, y con vergüenza digo que he pensado desde siempre en el suicidio, cuando voy a la Ciudad de México he pensado en aventarme a las vías del metro, o ingerir un sorbo del ácido que manejamos, me pregunto qué pasaría si muero, pero me detiene pensar en mi madre.

“Recuerdo que cuando era niño quería ser bombero y ayudar a las personas, con el paso de los años cuando vives con rechazo de la sociedad pierdes la fe en la bondad, pero yo me levanto cada mañana para tratar de ser una mejor persona y por mi mamá, quizá próximamente pueda obtener mi casa y eso me hace feliz, con eso no niego que la discriminación duele y mucho, las mismas personas te hacen sentir como desecho, es como vivir en el infierno, eso es algo que la gente no ve, que nos ponemos máscaras.

“A quienes viven una situación, la que sea, donde son discriminados, quiero decirles que aunque yo lo he pensado no hay que buscar la puerta falsa, no se reflejen en mi espejo y hay que echarle ganas para no quedarnos estancados. Desde que tengo uso de razón se me ha hecho muy difícil la vida, pero debemos buscar siempre el lado bueno, sin lamentarnos; a pesar de todo, soy un hombre feliz.”

¿Alguna vez han discriminado? ¿Alguna vez fueron discriminados? Quizá las historias de vida siempre nos alientan a saber que todos somos uno, que decidimos darnos la mano ante ese contexto de violencia en el que despertamos cada mañana, Hugo César es un ejemplo de vida y fortaleza, y a nosotros su camino nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

  • Hugo César fue diagnosticado con déficit de atención en segundo grado de primaria
  • Ante la negligencia de sus profesoras y el constante rechazo de sus compañeros abandonó la escuela
  • A los 20 años ingresó como personal de limpieza al Semefo, donde vivió constante abuso laboral
  • Actualmente es chofer en una empresa de productos químicos, con un sueldo de mil 500 pesos semanales, sin prestaciones

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