El crimen organizado en México encontró, desde hace unos siete años, una nueva veta de ingresos entre sus múltiples actividades ilícitas. Se trata de un negocio que cada vez deja mayores ingresos y cuyos tentáculos se multiplican en aquellas zonas del territorio nacional por donde cruzan ductos que transportan el combustible que produce Pemex. Según cifras oficiales, durante los primeros cuatro años del gobierno de Enrique Peña Nieto, Pemex perdió 97 mil millones de pesos por fugas y robo de combustible. Esta cifra es 55 por ciento mayor a las pérdidas registradas en el sexenio de Felipe Calderón, entre los años 2009 a 2012, cuando la empresa productiva del estado perdió 62 mil millones de pesos. En litros, las pérdidas, entre los años 2009 a 2016, suman 14.6 mil millones de litros de combustible. Este saqueo de combustible ya alcanza niveles de epidemia, y los huichacoleros, mote con el que se conoce a quien “ordeña” a través de tomas clandestinas, cada vez responden de manera más violenta cuando las autoridades envían policías para combatir el robo. Hidalgo no es ajeno a este problema y ayer el gobernador Omar Fayad dijo que su gobierno será contundente para enfrentar a estas bandas de criminales organizados. Ayer ¿coincidentemente? Hubo dos enfrentamientos violentos en Hidalgo y Puebla, dos entidades asoladas por estas bandas criminales. En  Tula, durante la madrugada de ayer policías estatales atendieron un reporte de “ordeña”, pero fueron rodeados y agredidos por delincuentes, a la altura del panteón municipal en la comunidad de Bomintzha. Según reporte oficial, a ese lugar llegaron varios vehículos particulares con personas que comenzaron a disparar contra los oficiales. Los uniformados repelieron la agresión y afortunadamente no hubo elementos lesionados. Pero ayer en Puebla, en una acción similar, pobladores de la comunidad de El Palmarito bloquearon la carretera libre Puebla-Ciudad Serdán tras los enfrentamientos entre militares y huachicoleros que dejaron un saldo de cuatro militares y tres presuntos delincuentes muertos. El bloqueo, que se llevó en uno de los accesos a El Palmarito, sitio donde se registran frecuentes incendios por tomas clandestinas y hallazgos de puntos ilegales de “ordeña” de combustible a los ductos de Pemex, provocó un enfrentamiento entre soldados y otras fuerzas de seguridad, como si se tratase de una zona de guerra. Es una veta que los delincuentes no dejarán así tan fácil a las autoridades. De filón. El Huixmí otra vez. Ayer el conflicto entre pepenadores del relleno sanitario de ese lugar volvió a resurgir. Con piedras y cuchillos simpatizantes del líder recolector Juan Carlos Bautista se enfrentaron contra pepenadores que trabajan en el sitio, pues estos ya no están dispuestos a ser extorsionados. La alcaldía debe meter orden, o de lo contrario la violencia puede desbordarse.

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