Vivimos una era marcada por la incertidumbre: crisis económicas, amenazas de guerra, gobiernos ultraconservadores, trabajos con poca remuneración, derechos sociales a la baja, discriminación al alza, fanatismo a la derecha e indiferencia a la izquierda… Y es esta misma sensación de no saber qué rumbo toma el mundo la que inspira uno de los regresos más esperados del año: Humanz, el nuevo material discográfico de Gorillaz.
¿Pero cómo no tomar como inspiración la incertidumbre y la ilusión de lo real cuando tu banda llenaestadios es un proyecto animado, ficticio, una ilusión dentro de otra? Gran puntada del genio Damon Albarn, quien tras el íntimo The fall (2011) y el retorno de su bebé mayor Blur, vuelve a encender esa maquinaria llamada Gorillaz que, desde 1998, ha resultado una ácida y socarrona crítica sobre la misma industria musical al tiempo que funge como un proyecto brillante que reimagina, con influencias de anime y Pixar, un fin del mundo lleno de plasticidad.
Así, el quinto álbum de la agrupación compuesta por los miembros animados 2-D, Murdoc, Noodle y Russell, vuelve a las andadas con una epopeya distópica que, por un lado, es un ejercicio ecléctico y atrevido sobre cómo hacer música para una generación que oye pero no escucha, mientras que en otra arista tenemos la exhibición de los desafíos que enfrenta el mundo (el real, ahora sí) ante una crisis de identidad que si bien no lo manda al carajo, tampoco le permite avanzar en alguna dirección.
Difícil elegir entre tanto tema de gran magnitud, sin embargo, podríamos destacar de entre el brillo la apocalíptica y desalentadora “Hallelujah money”, en colaboración con Benjamin Clementine, una especie de himno que emula los cantos patrióticos estadunidenses para mofarse del sistema económico actual, ese resquebrajado edificio al que nos subimos sin importar que los cimientos sean tan endebles como palitos de pan. Se vale llorar.
En “Submission”, donde participan Danny Brown y Kelela tenemos un trip hop de alta costura, de esos que inevitablemente nos hacen mover los pies hasta que escuchamos la letra y nos encontramos con una dura reflexión sobre las relaciones interpersonales y el vacío al que han llegado. Ojo, que Gorillaz no se ha convertido en un proyecto moralino; no obstante, tanta rima ácida termina embarrándonos tarde o temprano.
Pero ojo que Albarn y compañía también tienen sus momentos felices como con “Andromeda”, tema más bailable del disco y que, con base en el sampleo y la repetición, se torna en una cuestión exquisita como pocas.
Humanz representa un regreso que raya en lo épico, en lo legendario. Damon Albarn exhibe sin reparos lo contradictoria que puede ser la naturaleza humana, su afán de construir sobre lo que destruye y esa eterna relación entre el cinismo exacerbado y la conservadora corrección política. Sin duda, una producción tan magnánima como humana.

@Lucasvselmundo
[email protected]

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorEse par de ojos verdes
Artículo siguienteAprietan más finanzas públicas
Licenciado en ciencias de la comunicación y maestrante en ciencias sociales. Reportero ocasional y columnista vocacional. Ayatola del rock n’ rolla. Amante de la cultura pop, en especial lo que refiere a la música, el cine y los cómics. Si no lo ve o lo lee, entonces lo escucha. Runner amateur, catador profesional de alitas.