La cultura universitaria es el espíritu intelectual que construye la energía ideológica pensante, en términos de Tocqueville, es la masa de nociones, opiniones e ideas que conforman los hábitos del espíritu. Las interminables fronteras de la Universidad de Hidalgo, son entre muchos términos, el sentido literario, poético, artístico, las vastas construcciones ideológicas, culturales, científicas, tecnológicas, sociales, que pueblan el estado intelectual y libertario de los ciudadanos.
Nuestra universidad ha entrado en un estado de lucidez magnífica, hoy la sociedad hidalguense cuenta con una universidad con rostro humano. La normalización universitaria es hoy, todos los viajes posibles del pretérito, todos
los pasajes del mundo posibles o imposibles. Tenemos una universidad que piensa, luminosa, una universidad que es la proyección del mundo. Una institución que es la historia de la cofraternidad intelectual, de escrituras y lecturas, discusiones y celebraciones fecundas.
En nuestra universidad habita la voz original, intensa, voz que camina, prosigue, voz crítica y propositiva del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, que es una ciudad cultural, sabia y humana. Numéricamente, ICSHu es una institución poliédrica, de energía inagotable, lo mismo organiza congresos de alto impacto nacional e internacional, que cuenta con nueve posgrados, de los cuales ocho pertenecen al PNPC del Conacyt; 41 profesores investigadores forman parte del Sistema Nacional de Investigadores. De igual manera, combinando propósitos y fortaleza, el Patronato, la rectoría y el instituto nos acercan a una identidad fundamental para los universitarios; la nueva biblioteca, cuyo contenido es su sabiduría secreta e inmemorable que converge en nosotros.
Esta versatilidad permite al ICSHu leer al mundo desde las diversas orillas de la realidad. El instituto ha cambiado decisivamente la historia del estado y revela importantemente la sustancia del país. ¿Quién conduce la energía creativa del instituto? Sin duda, un universitario con espíritu constructivo, es el jurista que piensa y trabaja en la sociedad, también piensa en lo que hace falta. Es el universitario comprometido con la calidad académica, con los principios del bien común, el imperio de la ley y la participación activa de los universitarios en la deliberación política, cultural e intelectual. Ese es el núcleo del pensamiento del universitario Alberto Jaén, su visión liberal, lo ha dotado de muchas almas, el universitario lúcido, que encara la historia y recorre el lenguaje humano. Es también la figura cordial, paciente, vigorosa y creativa que ha recuperado para nuestra comunidad el diálogo que afina y afirma los acuerdos, el consenso que aspira a transitar sobre la base de las muchas opiniones y posiciones necesariamente contradictorias entre sí, de ellas surge la narrativa de este instituto.
Con Jaén Olivas gana la capacidad de convicción, la actitud crítica, con este espíritu se agitan, se expanden y se ahondan las nuevas generaciones de universitarios. Este, entre otros logros, ubica a Jaén no solo arriba, sino como el humanista fiel a la verdad y a la libertad.

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