Los historiadores tenemos que trabajar con testimonios. Los hechos y procesos del pasado solo dejaron algunas huellas que deben ser analizadas e interpretadas. Generalmente pensamos que esas huellas serán palabras, las que aún resuenan en las voces de quienes vivieron aquellos hechos o las que han quedado registradas en documentos escritos. Hoy en día, sin embargo, los historiadores estamos conscientes de que también los objetos y las imágenes nos pueden hablar sobre los diversos aspectos de la vida humana en el pasado.
Los testimonios deben ser cuestionados por el historiador. Como es bien sabido por los abogados, el testigo habla desde su contexto personal y solo puede narrarnos una parte de aquel evento que presenció. Los historiadores por ello, someten cada uno de sus testimonios a la crítica rigurosa.
Es muy ingenuo considerar que lo que vemos es, sin más, lo que veían en otras épocas, lugares o culturas. La imagen de una mujer vestida de azul y blanco con las manos entrelazadas y los ojos hacia el cielo, puede ser comprendida por un mexicano común como la representación de María, la madre de Jesús; si creció en un ambiente católico, probablemente le parezca hermosa o le despierte cierta devoción. Pero ya es más dificil para ese mismo mexicano común reconocer la figura regordeta, con cabeza de elefante y cuatro brazos, uno sosteniendo un plato, el segundo un hacha, el tercero una cuerda y un cuarto sólo mostrando la mano levantada. ¿Qué podrá ser ese extraño ser? Una imagen común en la India y que representa a una deidad muy venerada: Ganesha.
La distancia que tenemos con las formas de ver del pasado es muy grande. Las emociones que hoy nos despierta la Gioconda de Leonardo Da Vinci, se deben a que durante el siglo XX ese cuadro se posicionó como un ícono del arte universal; es probable que un florentino del siglo XVI solo reconociera un buen retrato en donde hoy encontramos un objeto de culto.
Aunque creemos que el mundo es como lo vemos, en realidad el mundo es como lo construimos culturalmente. Al desarrollarse en sociedad los seres humanos, a partir de ciertos mecanismos fisiológicos natos, aprendemos a reconocer lo que vemos. Es decir aprendemos a ver en función de esquemas y patrones que son propios de una cultura.
Las imágenes visuales, como testimonios del pasado, son un reto para la investigación social. Se caracterizan por su variedad y por las dificultades de su análisis, lo que exige el concurso de diversas disciplinas así como una continua discusión académica que permita avanzar en su comprensión. Tal es el motivo que impulsa a quienes nos reunimos cada año en el Coloquio Imagen y Culturas. El área académica de historia y antropología, a través de su cuerpo académico de estudios históricos y antropológicos, así como de su Grupo de Investigación de Estudios Sociales y Culturales, impulsa durante los últimos años ese encuentro académico que nos permite difundir los estudios sobre la imagen.
Del 21 al 23 de junio, en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades nos dimos cita medio centenar de investigadores en el sexto Coloquio Internacional Imagen y Culturas. Pinturas, grabados, carteles, caricaturas, códices, textiles, esculturas, fotografías, películas y soportes virtuales en la web son los vehículos de imágenes que son estudiadas con enfoques variados que van desde la iconografía a la semiótica, de los estudios culturales a la historia social.
El esfuerzo manifestado en este trabajo lo anima el proyecto Culturas Visuales en México. Una investigación en la que participamos: Thelma Camacho Morfín, Adriana Gómez Aiza, Manuel Jesús González Manrique y Manuel Alberto Morales Damián, todos investigadores del área académica de historia y antropología. La solidez académica de las ponencias presentadas, las discusiones entre los asistentes, la activa participación de estudiantes de licenciatura y posgrado, nos hacen pensar que este evento contribuye al conocimiento de la historia y a la consolidación de la proyección internacional de la UAEH.

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