Los adjetivos comienzan a escasear si se trata de describir el poderío del Real Madrid en competencia europea. No solo es la treceava vez en su historia que los españoles levantan el más hermoso de los trofeos, ni tampoco la tercera vez consecutiva que lo consiguen. ¡Los dirigidos por Zinedine Zidane han conseguido su cuarta Champions en cinco años!

La víctima en turno fue el Liverpool, la llamada Cenicienta Británica de la competencia que logró llegar hasta la última instancia del campeonato continental gracias a su arsenal en la delantera. Salah, Firminho y Mané conforman el tridente ofensivo más efectivo del año, pero ni ellos fueron suficiente para doblegar al monarca absoluto del balompié de élite.

El partido más esperado del año –después de la final de la Copa del Mundo, claro está– tuvo dos protagonistas diametralmente opuestos. Por un lado, el galés Gareth Bale que consagró la victoria merengue entrando de cambio, anotando además uno de los goles más espectaculares en la historia de la competencia. Por el otro, el arquero de Liverpool Loris Karius, quien colaboró de manera desastrosa en el segundo tanto de Bale, así como en la primera anotación del partido cortesía de Karim Benzema.

Además de una noche de pesadilla para el guardameta de los Reds, el que vivió momentos de alarido fue la estrella y goleador Mohammed Salah. El egipcio, que llegaba al encuentro como uno de los hombres clave, tuvo que ser sustituido tras un forcejeo con Sergio Ramos en el que el delantero se llevó la peor parte. Sin su estrella en el campo y ante los dueños de la orejona, Jürgen Klopp no encontró las respuestas y terminó por consagrar el resultado que la mayoría suponía desde el principio.

¿Y qué pasó con Cristiano Ronaldo? No brilló, pero tampoco fue necesario. Con la mano en la cintura, el Bicho gana su quinta Champions, igualando la cuenta histórica FC Barcelona en ese rubro. Le cedió los reflectores del partido a su compañero galés, no sin antes dejar al mundo entero a la expectativa al declarar, concluido el partido, que tendría una decisión importante por anunciar en torno a su futuro.

Zizou voló por los aires en hombros de sus pupilos. CR7 emitió su característico rugido de victoria. Benzema se reivindicó y mandó saludos a quien lo dejó fuera de Rusia. Y toda la comunidad blanca agitó las banderas de un reinado que hoy se transforma en imperio. ¡Enhorabuena a los dueños incuestionables de Europa!

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