Las relaciones humanas, institucionales e internacionales, son esencialmente relaciones de poder. Bajo esa premisa, el mundo no puede comprenderse sin identificar los actores que lo ejercen y sobre los que recae. Adicionalmente, esas relaciones se desarrollan en espacios físicos, virtuales o en complejas geografías que nos obligan a reflexionar sobre el papel que juega el territorio en la toma de decisiones de los actores involucrados (población, empresas, estados y organismos internacionales).
El binomio poder y geografía nos adentra en un campo disciplinar que conocemos como la geopolítica, la cual cuenta con un marco teórico-metodológico y técnicas de investigación desarrolladas fuertemente por los países hegemónicos o poderosos.
Pero, ¿cómo definimos a la geopolítica? ¿Quién hace geopolítica? ¿Para qué sirve la geopolítica? Podemos hallar diversas respuestas a esas interrogantes con tan solo escribir el término en cualquier biblioteca digitalizada o en Internet. Sin embargo, muchas de esas definiciones difieren de la propuesta epistémica fundacional de la disciplina, inaugurada en la obra del politólogo sueco Johan Rudolf Kjellén, titulada El Estado como forma de vida (1916). En dicha obra se define a la geopolítica como la influencia de los factores geográficos, en la más amplia acepción de la palabra, en el desarrollo de la vida de los pueblos y los estados.
En el estado del arte de esa disciplina abundan definiciones y descripciones históricas que la asocian con las reinterpretaciones doctrinarias de los intelectuales alineados al nazismo, particularmente con las obras de Karl Haushofer y de Adolfo Hitler (1925).
No hay duda de que la geopolítica como disciplina nace con los presupuestos teóricos del general Haushofer y tiene su expresión práctica / doctrinal en el nazismo alemán, pero eso no significa que esta disciplina sea reductible a una visión exclusivamente expansionista.
Posterior al surgimiento del término geopolítica en 1916 se han desarrollado diversos planteamientos (escuelas de pensamiento geopolítico) que han enfatizado algún elemento de la geografía para fortalecer sus posicionamientos teóricos: control de los mares (Mahan), el aire (Seversky), disponibilidad de recursos y posicionamiento geoestratégico favorable (Cohen), área pivote / corazón continental (Mackinder), etcétera.
Debe destacarse que el avance disciplinar y doctrinario de la geopolítica ha sido adoptado y cultivado por los tanques pensantes de los países desarrollados y, de manera incipiente, en los subdesarrollados.

Hacia la construcción
de una geopolítica aplicada

Estamos de acuerdo que la geopolítica es la conciencia geográfica del Estado, pero que debe de superar su plano interpretativo y trascender hacia el estatus de una ciencia aplicada en diversos planos de la vida social.
Resulta prioritario para las universidades mexicanas la creación de cuerpos de pensamiento geopolítico que orienten las decisiones locales, nacionales e internacionales, mediante el uso de herramientas científicas de mayor calado para analizar los territorios y avizorar escenarios apoyados en la inteligencia territorial, que hace uso de técnicas como la georeferenciación compleja, diseño de redes de vínculos y el mapeo geopolítico de diversos fenómenos sociales.
Las instituciones y centros de investigación en México, responsables de mapear la geografía nacional, deben avanzar en la sistematización de bancos de datos y variables de toda índole para tener radiografías locales en formato multinivel, que leídas de manera paralela y “empalmada” ofrecen interpretaciones más certeras para los tomadores de decisiones, actividades que han sabido aprovechar los centros de estudios estratégicos de las grandes potencias.
La geopolítica no ha sido suficientemente explotada como ciencia en México y su uso se ha acotado al ámbito militar. Sin duda, el arsenal teórico-metodológico de esa disciplina es un área de oportunidad novedosa para la creación de semilleros de pensadores multidisciplinarios que interpreten la realidad económica, político-electoral, social e internacional desde nuestra propia experiencia.
La geopolítica de las resistencias está convocada a existir frente a la geopolítica del poder…porque finalmente, donde hay poder, hay resistencia.

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