El comportamiento en masa puede ser siniestro y, a veces, depredador. La actuación de las multitudes contra presuntos delincuentes ha pasado a ser en los últimos años una práctica común sin lugar a cualquier intento de raciocinio. Esas conductas se alimentan, entre otras cosas, de una fuerte dosis de impunidad por parte de las autoridades encargadas de impartir justicia. Dicho de otro modo, la inacción oficial nutre el desafío social. La corresponsal de esta casa editorial en el Valle del Mezquital, Rocío Velarde, consigna que de 2018 a la fecha la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJEH) no ha ejecutado órdenes de aprehensión contra los responsables de intentos o linchamientos consumados. En la nota periodística que presentamos este día, se muestra un recuento de ese tipo de hechos que exacerban la tranquilidad del Hidalgo seguro. En cada uno de los casos, no hay detenidos. Controlar a las masas es una misión imposible. No existe poder ni autoridad capaz de serenar los momentos de furia, lo único que importa es hacer justicia al costo que sea. El incremento en casos de linchamiento ocurre como consecuencia de que las autoridades delegaron la responsabilidad de la seguridad a los ciudadanos, mismos que ahora sienten el derecho de sancionar a los infractores, explica la investigadora de la UAEH, Silvia Mendoza. Si a ello agregamos la dilación en la integración de las carpetas de investigación por parte de la PGJEH, como ocurre desde hace un año, el escenario de impunidad se hace evidente desbordando la impaciencia social. Recientemente fue publicado en el Periódico Oficial del Estado de Hidalgo el protocolo de actuación policial para el control de multitudes ante el riesgo de violencia colectiva, documento que debe ir aderezado de un acompañamiento institucional transversal, si no, todo seguirá igual. De filón. Los fallecimientos por influenza incrementan en Hidalgo. No es un mito, la única defensa efectiva es la vacuna.

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