Ayuno del acompañamiento del equipo pesado del Partido Acción Nacional (PAN) –salvo Santiago Creel y Luis Felipe Bravo Mena– que, sin duda, anda en las definiciones del futuro personal y de tribu, Ricardo Anaya Cortés convocó a conferencia de prensa para anunciar que le encontró la cuadratura al círculo. Veamos.
De su dicho de que el gobierno federal está atrás de la campaña en su contra, pasó a los hechos y con el apoyo de un perito determinó que sí, en efecto, lo espía el gobierno y, con apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), enderezó la perversa campaña que lo evidencia, junto con su familia política, como un empresario exitoso.
¿Por qué lo golpea –como asegura– el gobierno? ¿Por qué retomar la divulgación de su patrimonio? Bueno, el que su suegro sea millonario y haya incrementado su fortuna en años recientes, no tiene nada de extraño porque se trata de un empresario dedicado a la hotelería, aunque no precisamente la de cinco estrellas. Pero, bueno, el dirigente nacional del PAN sostuvo ante los reporteros:
“Hemos tocado el corazón del plan de impunidad transexenal que implica contar con un fiscal general incondicional de este gobierno”, dijo Anaya en conferencia de prensa, en alusión a la postura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) de consumar, en el Senado, la mecánica de ascender, en automático, a fiscal general de la República al procurador General de la República, Raúl Cervantes.
Algo tiene el abogado Cervantes Andrade que causa prurito en ciertos ámbitos de la política de oposición. Solo hay que recordar cómo le fue en aquella burda y frustrada estrategia de solicitar licencia a su escaño en el Senado, dizque para irse a estudiar, cuando en realidad se trató de cubrir los tiempos para que el presidente Enrique Peña Nieto lo propusiera en la terna para ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Llovieron críticas al PRI, al propio presidente y a los senadores priistas e incluso políticos de oposición que no veían mal que el abogado Cervantes Andrade fuera ministro de la Corte; finalmente quien ocupó ese espacio también provocó un escándalo porque se trató del exprocurador General de la República, Eduardo Medina-Mora Icaza.
Pero Cervantes recibió el premio de consolación cuando el presidente Peña Nieto lo propuso en el relevo de la procuradora Arely Gómez González, quien se cambió de oficina en el gabinete y ahora despacha como secretaria de la Función Pública. No hubo oposición, como hoy la asume el PAN legislativo, afín a Ricardo Anaya.
Sin embargo, cuando se conoció la estrategia prevista en la reforma que crea a la Fiscalía General de la República, de que el primer fiscal sería, en automático, el procurador general de la República, entonces en ese círculo de Anaya no cayó nada bien. ¿Por qué?
Este lunes, el dirigente nacional panista concretó sus “sospechas”: “Entonces las declaraciones de estos senadores que usted ha referido, no hacen más que confirmar lo que nosotros hemos venido diciendo en los últimos días, quieren ellos consumar este plan de impunidad transexenal. No se los vamos a permitir, no lo merece México”.
Un reportero le refirió que la pregunta obedecía a que justo Javier Lozano –quien se apresta para retornar a su escaño– decía que era una torpeza, tal cual así lo dije, estarle pegue y pegue al procurador general de la República cuando necesitamos un procurador fuerte, pues entonces que más de uno da es que algunos senadores panistas extraían negociando.
“Yo creo –respondió Anaya– que se refiere a otra cosa, que ese saco se lo ponga al que le quede, yo no me he dedicado a pegarle a una persona, lo que nosotros estamos haciendo es luchar por una causa correcta, es no permitir que el actual procurador con militancia partidista en el PRI, que fue el director jurídico de la campaña del actual presidente priista, que fue director jurídico del PRI y senador del PRI se convierta en fiscal general para lo que queda de este sexenio, todo el siguiente y un tercio del siguiente sexenio”.
Y luego, como no queriendo se fue contra los medios, cuando generalizó el caso de el periódico El Universal, en el que se ha publicado el asunto que lo señala como un millonario con suerte.
“Que nadie se confunda –acotó–, esto que hicieron en el gobierno federal priista es lo que Vargas Llosa llamaba uso faccioso de la prensa para destruir reputaciones.”
–¿Cuántos periodicazos más espera?– preguntaron al joven político aspirante a la presidencia de la República.
–Pues muchos, seguramente, por lo pronto alguno otro mañana–respondió y rubricó una bravuconada:
“Le reitero al gobierno federal, sé muy bien que son ustedes, no les tengo miedo, estoy listo para la de ocho columnas de mañana, no vamos a permitir que se consuma el plan de impunidad transexenal que implica el contar con un fiscal general incondicional a este gobierno.”
En serio, en serio, ¿será el incómodo Raúl Cervantes factor de desencuentro entre el grupo de Ricardo Anaya? Porque el gobernador de Durango, panista por supuesto, José Rosas Aispuro, no le vio problema alguno a que Cervantes asuma el cargo de fiscal; tampoco Javier Lozano Alarcón, aspirante al gobierno de Puebla. En fin, no hay que perderse el próximo capítulo de esta tragicomedia. Conste.

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