India, llena de energía y cautivadora

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indio

ANAYELI CAMPERO
HERNÁNDEZ
Ciencias de la educación

Esa es India, llena de energía, intensa, simple y cautivadora.
Desde que empecé la licenciatura, siempre supe que quería ir de intercambio; cuando el momento finalmente llegó, dudé que lo pudiera conseguir, había tantos factores, especialmente el económico, que me hicieron dudar que lo lograría. Después de agotar todas las opciones de apoyo y convencer a mi familia que estaría bien en un lugar tan lejano, después de recibir mi carta de aceptación de la India y mi visa de estudiante, fue cuando realmente me di cuenta de lo que estaba por ocurrir. Yo, Anayeli Campero, viajaría a un lugar al otro lado del mundo para vivir sola cinco meses.
En el momento que subí al avión y empezó el viaje de más de 25 horas, me sentí aterrada y emocionada por saber lo que mi intercambio tenía preparado para mí. Las piernas me temblaban y lo único que pasaba por mi mente era cómo sería mi vida en ese país del que no sabía más que lo que había visto en películas y leído en Internet, cuál sería mi sorpresa al momento de bajar del avión y pisar por primera vez tierra hindú, todo lo que yo creía sobre ese país estaba a punto de cambiar radicalmente.
Llegué a Nueva Delhi a la mitad de la noche, me quedé parada afuera del aeropuerto, sola, con una maleta pesada, con miedo, con frío, sin saber a dónde ir y con personas gritando todo el tiempo en un idioma que no entendía ni un poquito; ya más calmada pero aún con un hueco en el estómago y un nudo en la garganta, tomé un taxi para ir a la estación de tren que me llevaría a mi destino final. La desesperación que viví en la estación de Nueva Delhi es algo que jamás había vivido, una estación de tren en la India no es la mejor bienvenida, ni la mejor experiencia para alguien que nunca ha estado en ese país. Tenía un boleto en mis manos, una maleta y ni una sola idea de a qué tren subirme, pregunté a las personas que podían entenderme, algunos me decían que no sabían, otros que mi tren estaba cancelado, hasta que encontré un par de chicas de mi edad que me apoyaron, no solo me dijeron cuál era mi tren, sino que me llevaron hasta donde debía abordarlo, esperaron hasta que llegó y me acompañaron a mi espacio explicándome que tuviera cuidado con mis cosas y deseándome suerte en el viaje, ellas fueron mi referente de cómo son las personas hindús de ahí en adelante.
Después de aproximadamente siete horas llegué a la ciudad de Chandigarh, lugar que sería mi hogar por los próximos cinco meses; ahí viví en una casa con estudiantes de varias partes del mundo que también estaban de intercambio, tuve la oportunidad de compartir habitación con una chica de Holanda con la cual no tenía nada en común, pero aprendí a ver a esas personas como a mi familia, y así nos tratábamos todos, salíamos juntos, nos cuidábamos y compartíamos lo que cada uno sabía.
Desde que viajé a la India cambié de manera que jamás hubiera imaginado, no en mi forma de hablar o vestir, sino en una forma espiritual que no puede ser explicada con palabras, como tampoco puede ser explicada con palabras toda mi experiencia en ese lugar.
Todo fue un remolino de nuevas experiencias, cada pequeño momento parecía un gran paso para ajustarme al país. Primero, la forma en la que recibí la educación fue muy diferente a la UAEH, todo se enfocaba más a la práctica de lo que ya había aprendido, tuve la oportunidad de dar clases a niños de cinco a siete años y observar cómo es el proceso educativo en ese país, también aprendí un poco de hindi que use para comunicarme con las personas que no entendían inglés, aprendí a cocinar un par de platillos de la región y me familiaricé un poco con su religión. Los fines de semana y vacaciones los utilizaba para viajar y conocer otros lugares, sitios impresionantes que te dejan sin aliento cuando los ves, algunos que parecen salidos de un cuento de hadas. No solo los destinos eran una gran experiencia, también los interminables viajes en tren, donde conocía nuevas personas hindús y de todas partes del mundo con quienes platicaba de nuestras experiencias en India y muchas cosas más. Esta oportunidad no solo se enfocó en lo académico, sino que fue una combinación de muchas experiencias que me ayudaron a crecer como persona y hacer amistades que durarán a lo largo de mi vida.
La movilidad me dio la oportunidad de aprender de lo que soy capaz como persona y como estudiante, me permitió darme cuenta que puedo lograr mucho más de lo que creí.
Alguna vez alguien me dijo que lo más hermoso de esta vida no se pude ver pero sí se puede sentir…en India descubrí que lo más hermoso de la vida puede verse y sentirse al mismo tiempo.
India es el país de los extremos, donde todo es exuberante, las personas, la humedad, el calor, los ruidos, las fragancias y sabores; todo parece ser más intenso que en cualquier otro lugar. Esa es India, llena de energía, intensa, simple y cautivadora.
Como mucha gente dice “India, simplemente la amas o la odias”, y yo quedé totalmente enamorada de ella.

Llegué a Nueva Delhi a la mitad de la noche, me quedé parada afuera del aeropuerto, sola, con una maleta pesada, con miedo, con frío, sin saber a dónde ir y con personas gritando todo el tiempo en un idioma que no entendía ni un poquito”

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