No había ni un poco de simpatía en aquella actitud. Más bien la cara, los gestos y el habla destilaban una soberbia poco habitual en aquella mujer que en el pasado siempre había mostrado la mesura más convencional.

Por un momento pensé que había perdido el control al verme, después de tantos años de ausencia, pero no era precisamente eso o quizá sí. Ahora no puedo recordarlo bien, ha pasado demasiado tiempo y entremedio sucedieron demasiadas cosas de las que tampoco tengo memoria.

Como un viejo me miro en el espejo resquebrajado que me devuelve mi imagen a trozos. Imagino que en aquella ocasión la mujer me miraba de la misma forma, o mejor dicho, me devolvía a trozos odiados mi ausencia.

No puedo decirlo bien. Las palabras son caprichosas y los silencios no las encuentran a menudo, por eso callan. Tampoco delante de la mujer pude hablar, ni siquiera cuando sentí el bofetón en mi cara. Me quedé callado, con la voz en sombra, mirándola con la indiferencia de siempre.

Me dio la espalda y se fue. Recuerdo el movimiento de su cuerpo al alejarse demasiado despacio. Sus pasos cortos me hicieron reír, pero no giró la cabeza para ver mi risa detrás de ella.

Finalmente, desapareció en la esquina. Eso sí lo recuerdo bien. A menudo me he quedado mirando esa esquina vacía, llenándola con la sombra de aquel recuerdo. Un poco más y ella la dobla y desparece.

No volví a verla. No, miento. La vi en otra ocasión, aunque ella no me vio. Estaba sola, cenando en un restaurante de amplias ventanas. Protegido por la oscuridad, la observé por largo tiempo. Parecía muy triste. Me dio mucha pena y me alejé.

Pocos días después leí una esquela con su nombre en la sección de necrológicas del periódico. Tuve que leerla varias veces para asegurarme que realmente era la mujer. La recordé en silencio, pero no sentí nada.

Todo lo sucedido con aquella historia me sonaba a ignorancia, también a algo impreciso que me negaba a decir, no había razón suficiente para que lo hiciera. En definitiva, había una oscuridad.

Quería observar algo distinto a través de aquellas palabras, algo así como la observación de una luz que me diera cuenta de lo que ocultaba. Sin embargo, esta solo me devolvió las viejas apariencias.

Aquello era un poco confuso, así me lo parecía. Subyacía dentro del olvido un daño más que una indiferencia. En definitiva, lo que predominaba era un sentimiento sin fórmulas ni formulación.

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