Esta semana se conmemoraron 499 años de la toma de Tenochtitlan. Entre las múltiples menciones en los medios y artículos alusivos, el hecho más que remitirme al pasaje histórico, me hizo pensar en aquellos en quienes fue evidente el cambio cultural. Así, evoqué un episodio personal acontecido hace muchos años, cuando aún vivía con mis padres.

De vez en vez, una mujer de humilde condición y marcados rasgos indígenas se presentaba a tocar ofreciendo leña, y tierra para plantas que recolectaba en el cerro y vendía de casa en casa arreando una famélica mula. Pero una ocasión fue distinta. Además de ofrecer los productos de costumbre, llevaba algunos cuadros artesanales fabricados en madera tallada. Al dar la explicación que acompañaba a la venta, entre lágrimas contó cómo su hijo, al tomar un auto del trabajo tuvo un accidente y, al no contar con medios para reparar los daños causados, había sido encarcelado y la única forma en que podía ayudarlo era vendiendo los artículos que ahí producían, entre ellos tales cuadros. Mi madre compró un par de estos, los alcatraces que aún adornan su sala dan testimonio de ello.

El hecho me conmovió e hizo pensar en esas tantas injusticias que todavía ocurren para ensañarse en quienes menos pueden hacerles frente. El sentir de ese momento inspiró lo siguiente. Espero les guste.

Insurgencia de la grave situación que destila tu mirada manchada por los siglos de atardecer sin astros. Cobre que reviste tu opresión y demanda acción inmediata.

Fusión de razas y mitología que hoy pena por aceras y senderos. Danza de arquetipos y creencias que han buscado aceptación y perdido identidad en vana lucha.

Necesidad, hambre, cansancio, humillación. Criptas que enmarcan el largo peso de una vida cubierta de llanto y buena cara. Jaculatorias infames que aprovechan tu vehemencia y utilizan tu pasión para alimentar el resentimiento.

Héroes que te abrazan y tras alcanzar la gloria, pisan tus huellas y olvidan tus costumbres para erigirse en tus altares. Fuerza del lángaro que detrás de tres colores abandera tu sumisión a cambio de un bocado.

Obstinación y optimismo que se trenzan entre tu lengua para dar a tus semillas la esperanza del quinto Sol, como único alimento para tu espíritu que resiste el peso de una historia mal lograda.

¡YA BASTA!

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