El libro de la semana

La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo editó el libro Indígenas y comercio en la Nueva España del siglo XVIII, de la autoría de Antonio Escobar Ohmstede, Víctor Gayol, Laura G Gómez Santana, Laura Machuca Gallegos, David Navarrete Gómez y Verenice C Ramírez Calva, quienes abordan seis temas relacionados con el comercio indígena en Ixmiquilpan, Guadalajara, la Huasteca potosina, Tehuantepec, Tulancingo y Tlaxcala durante aquel siglo.
El capítulo titulado “El comercio en las jurisdicciones de Ixmiquilpan, Actopan y Tetepango-Hueypuchtla, siglo XVIII y XIX”, de la investigadora de la UAEH Verenice C Ramírez Calva, contiene estudios históricos que han demostrado la importancia de la participación indígena en el comercio regional e interregional en el ámbito novohispano. Para el desarrollo de su trabajo se apoyó en las investigaciones que en distintas épocas han desarrollado personajes interesados en temas como el comercio y el intercambio.
Verenice Ramírez tomó como referencia para su estudio El cuaderno de indios, que contiene información en los aspectos de población, comercio, ganado, frutas y verduras, semillas, fibras animales y vegetales, jarcia y textiles, abarrotes, comerciantes y circuitos comerciales. El estudio parte del acercamiento al comercio en la región de Ixmiquilpan, en el actual estado de Hidalgo, y lo ubica en la participación indígena de las últimas décadas del siglo XVIII y la primera del XIX.
La investigación refiere que Actopan, Ixmiquilpan y Tetepango pertenecían a la intendencia de México y que, para efectos fiscales, Tetepango y Actopan formaron parte de la receptoría de Ixmiquilpan. La población era nahua, otomí y pame. Datos interesantes derivan del padrón de 1791, en el que Tetepango registraba 30 pueblos, 20 haciendas, nueve ranchos y varias rancherías y contaba con una población de más de 4 mil habitantes, de los cuales 41 por ciento eran españoles, 15 por ciento castizos y 42 por ciento mestizos; sin embargo esta fuente no registró el número de indígenas.
Por su parte Actopan era de las provincias más pobladas de la región, con mayoría india. En 1721 se registraban 24 mil habitantes distribuidos en 19 pueblos, nueve haciendas y 11 ranchos. Con respecto a Ixmiquilpan, esta era una jurisdicción menos extensa con más de 17 mil habitantes ubicados en 16 pueblos, siete haciendas de labor, 19 de beneficio de metales y varios ranchos.
Durante los siglos XVI y XVII la especialización productiva de la región de Ixmiquilpan y Tetepango se generó a partir de la minería y la cría de ganado menor. Ambas actividades económicas impulsaron el curtido de pieles, la fabricación de jarcia y la proliferación de cabras y ovejas. La investigación de Verenice cita que durante el siglo XVI y principios del XVII se ocasionaron profundas transformaciones tales como cambios en el paisaje, y su fuerza se manifestó en costumbres dietéticas con la ingesta de carne de chivo, cerdo, manteca, chicharrón, que para el siglo XVIII eran de uso común.
Se dice que Ixmiquilpan fue un centro económico de importancia regional. Por un lado, su estratégica ubicación le permitió posicionarse en un sitio en el que se comunicaban entre sí las minas de Zimapán y Pachuca y estas con la zona agrícola de la Vega de Metztitlán. Además, su importancia económica incluyó la existencia de minas como las localizadas en Cardonal; igualmente, los pobladores de Ixmiquilpan lograron cultivos a las orillas del río Tula, además de la explotación del ixtle y la lechuguilla, el desarrollo de la arriería y la cría de ganado menor. Por su parte, en Tetepango los indios se ocupaban de la explotación de caleras.
El cuaderno de indios cita que en 1799 la Real Hacienda ordenó que fueran registrados los frutos y efectos vendidos por los indios con el fin de conocer el monto de la alcabala que dejaban de pagar y las pérdidas que eso significaba para el erario real, aunque no se citó el lugar de los registros ni si estos se levantaron en una plaza pública o en otro lugar; sin embargo se fijó una serie de padrones y estadísticas sobre las ocupaciones de los habitantes y el número de tiendas. De esta manera se localizan datos en El Padrón de Establecimientos Industriales y Giros Mercantiles en Ixmiquilpan, en el que quedan inscritas las platerías, herrerías, curtidurías, boticas y barberías, entre otros.
También se llegó a registrar parte de la vegetación, como es el caso de los árboles de enebro y timbre, actualmente desaparecidos. Es importante la mención que se hace al talado de lechuguilla, la elaboración de jarcia, el tejido en lana y las carboneras.
El comercio de Ixmiquilpan en los primeros tiempos del Virreinato se realizó en lo que actualmente conocemos como Ixmiquilpan, Tula, Actopan y Hueypuchtla. Los dos últimos dirigían su comercio hacia Pachuca, Tula, el Bajío y México, y parte del mismo se realizaba en Zimapán, Cardonal y Mapethé. Destacaban los traslados de semillas, verduras, frutas, pieles curtidas, zapatos, sebo, jabón, papel, seda, petates, reatas y lozas.
A este intercambio se sumarían el comercio de caballos y animales destinados a la matanza, como chivos, ovejas, cerdos, vacas, terneras y toros; y la mayor venta se registraba en enero, abril y octubre.
La investigadora dedica parte de su trabajo a la actividad de arriería, tan necesaria para el traslado de bienes a otros lugares distantes; así encontramos que en los mercados de la región se ofrecía miel traída de Campeche y pescado, que solamente se introducía entre febrero, abril y agosto; las variedades del comercio sumaron cueros de venados, cordobanes, calzones de gamuza y zapatos de vaqueta.
El texto aborda también los beneficios que se obtuvieron mediante la construcción de zanjas para conducir el agua del río Tula a las sementeras de los indios.
Se establecieron circuitos comerciales, lo que permitió encontrar en las tiendas jabón de Puebla, sal de Tehuacán y de Colima, tocino de Toluca, ropa de Castilla y loza de Chapantongo. Estos productos se expendían en el tianguis semanal.
El artículo concluye reconociendo que Ixmiquilpan era –y sigue siendo– un lugar de mercado central al que confluían los pueblos indios de los alrededores y la población de otras jurisdicciones; sin embargo, habría que profundizar en próximos estudios sobre aspectos de economía regional y la participación indígena en los intercambios comerciales.
Hasta el próximo domingo… leyendo Naturalistas y biólogos en el estado de Hidalgo de María del Consuelo Cuevas Cardona, María del Carmen López Ramírez y Adriana Beatriz Ortiz Quijano.

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