En la relación de pareja, normalmente tomamos partes del otro y damos partes nuestras. Este contrato no escrito se sobrentiende, aunque normalmente hay uno que otorga más, uno sostiene la relación, uno disfruta y el otro sufre. En este vínculo de pareja se firma –simbólicamente– exclusividad, solo se permite entrar en lo más íntimo de tu ser a él o ella, por eso cuando uno de los dos quebranta el contrato la relación se fulmina. En la relación de pareja el vínculo es exclusivo a menos que desde el principio se definan reglas diferentes –amantes, amigos cariñosos, “free”– que muy difícilmente se sostienen por amor, esas relaciones están ancladas en otros sentimientos, otros deseos, otras necesidades.
La infidelidad es muy común en todas las clases sociales, en algunos lugares del mundo se considera un crimen y el castigo por parte de la sociedad y pareja en turno es muy amplio –desde la separación hasta la lapidación en público–. Está presente en la vida de millones de parejas. No importa el nivel social, cultural o económico. La infidelidad es como el aire, está en cualquier lugar y estará presente en algún momento de nuestra vida, ya sea que seamos infieles, nuestra pareja lo sea o algún ser querido lo sufrirá. Probablemente estarás pensando que tú y tu pareja son fieles y lo serán por siempre, de ser así, felicidades porque de 10 hombres solo uno es fiel y de 10 mujeres tres, aunque en algunas investigaciones con jóvenes, hemos encontrado que 100 por ciento de ambos géneros son infieles.
Las instituciones pilares de la sociedad –Estado e Iglesia–, así como la ciencia, tienen ambigüedad sobre la infidelidad en los seres humanos, ya que, mientras la Iglesia la condenada en sus mandamientos –no desearas a la mujer del otro–, la ciencia lo justifica como un acto innato; aunque el Estado, por sus intereses, no define su postura, si lo hace, normalmente es de acuerdo a su conveniencia política (votos que pueden ganar o perder). Estas posiciones no permiten definir acertadamente el concepto de la infidelidad. En estas breves líneas, para centrar nuestro tema, se procura una aproximación a lo que se considera la infidelidad en la pareja: Una infidelidad es cuando uno de los integrantes de la pareja tiene o desea una relación con otro ser. La relación fuera de la pareja puede ser desde lo platónico hasta lo sexual, además puede ser ocasional o frecuente, pero sobre todo es un secreto para la pareja en turno.
Es decir, si se desea al otro, aún solo con el pensamiento, podemos considerar que se es infiel y más aún si se calla frente a nuestra pareja. A estas alturas podríamos preguntarnos: ¿Por qué algunas personas no pueden resistir el deseo de poseer o ser poseído por otro?
No podemos porque somos seres biopsicosociales. En algunas relaciones se producen de manera natural sensaciones en el cuerpo que emergen con solamente ver o imaginar a aquel o aquella que nos resulta inquietante. Nos sonrojamos, se acelera el corazón, se siente un hueco en el estómago. Todas esas sensaciones son de instinto animal y aunque hay quienes las controlan, la mayoría de ellas emerge de forma natural. Podríamos pensar que esas sensaciones son limitadas y reprimidas en muchos espacios de la convivencia cotidiana, pero en la intimidad los instintos surgen asociados a la fantasía de poseer al otro o la otra, ya sea en la vigilia o el sueño. La fantasía es algo que nos diferencia de los animales: en la oficina y escuela, así como en cualquier lugar, puedo fantasear con la chica de la portada de la revista de Playboy, mi vecina o con quien me atraiga sexualmente.
Las investigaciones sobre el tema demuestran que la infidelidad es un proceso natural del ser y un fenómeno social que garantiza sufrimiento en las relaciones de las parejas, es un acto que debe de considerarse detalladamente antes de realizarlo, o aceptar que la monogamia está llegando a su fin y es imposible para muchos seres humanos.
Para concluir, ¿qué sucede cuando alguien descubre la infidelidad de su pareja? Existen múltiples reacciones ante el hecho. En psicología no hay fórmulas para determinar las reacciones de los sujetos, eso depende de cada individuo, pero comúnmente se desmorona en lo más profundo de su ser y no puede dejar de pensar ¿por qué fue infiel?, ¿por qué a mí que todo he dado?, entre muchas incongruencias más. Cuando hay una infidelidad en la pareja el tema se convierte en un asunto complicado, cada que se habla sobre el evento, detona conflicto. No se habla abiertamente, no se profundiza sobre el hecho pero está presente en la cotidianidad. Para superar la crisis se necesita terapia. El proceso es largo, doloroso y se requiere de mucho trabajo personal y de pareja.
Para aquellos que son o han sido infieles la recomendación es: ambos deben acudir a terapia para poder entender y perdonar la infidelidad. Es decir, el infiel deberá entender los motivos que le llevan a engañar a su pareja, deberá detectar si es una situación de la relación de pareja actual o si es un asunto inconcluso de su pasado. El que ha sido engañado deberá entender si la infidelidad es producto de la situación actual de pareja o si el problema es ajeno a su persona, deberá librarse de sentimientos de culpa y perdonar sinceramente. Dar el perdón para librarse de sentimientos “negativos” que atormentan. En cualquier caso, es aconsejable en el proceso terapéutico deshilar el enjambre de la infidelidad. Si el dolor y coraje son muy profundos, imposibles de soportar, pero sobre todo de perdonar y perdonarse, es aconsejable la separación. Es pertinente decir que en la infidelidad de pareja, el proceso es muy doloroso y la gran mayoría de la veces no hay un final feliz.
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