El ingrato privilegio de corregir

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CORREGIR

LORENA PIEDAD
Pachuca

El sábado 11 de abril de 2015, entre estrés y falta de fe (consecuencia de mi desempleo), una llamada me despertó y esa voz femenina preguntó “¿te interesa trabajar como correctora de estilo?”, yo sentí ganas de contarle todos mis meses de angustia pero solo me limité a agradecer.
El lunes 13 de abril acudí a mi primera entrevista formal de trabajo, Jorge Romero, director del Independiente de Hidalgo, me invitó a pasar a su oficina para narrarle mi nula experiencia laboral, mi necesidad económica de trabajar y mi angustia por no ejercer.
La prensa escrita jamás fue mi ideal, la corrección de estilo mucho menos, pero el 17 de abril de 2015 me vestí con el entusiasmo que experimentamos los que tenemos la oportunidad de ejercer nuestra profesión por primera vez. Llegué puntual a mi primer día de trabajo, siempre tuve buena ortografía pero corregir los textos de quienes redactan la noticia, de reporteros experimentados, eso era otra cosa. Entré por ese edificio pintado de rojo, las piernas me temblaban en cada escalón; último piso, ahí sería mi área de trabajo, un pasillo decorado con nueve computadoras, en la puerta un letrero blanco con letras negras lo nombraba “Redacción”.
Corrección de estilo terminando el pasillo a la derecha, mis primeros compañeros (profesionistas todos) me miraron con curiosidad, algunos con indiferencia y otros con amabilidad; prendí mi computadora y frente a mí el panorama de Pachuca a través de esos ventanales, todo parecía tranquilo afuera, sin embargo, yo estaba rodeada de personas experimentadas cada quien en su área, comencé a leer y sentí pánico cuando eliminé mi primera coma, coloqué un acento y suprimí la palabra de una nota. ¿Se escribe así? ¡Concéntrate! Víctor Valencia a mi derecha, el jefe de jefes en la corrección de estilo, tenía miedo de preguntarle, sabía tanto y yo nada. Continué mi lectura, pensé en abandonar el edificio y también mi profesión, falta de experiencia, creo que le llaman.
No desistí, todo era confuso, pasaban los días y yo sentada frente a mi computadora mordía mis uñas preguntándome si Secretaría de Educación Pública tenía que escribirse en altas o en bajas, si priistas llevaba acento o si debía cerrar las comillas con el punto adentro. Mi compañero siempre a la derecha dispuesto a resolver mis dudas, Víctor Valencia, su experiencia en el área y su espíritu de servicio me enseñaron las partes fundamentales de la línea editorial del Independiente.
La prensa escrita es astuta, desconcertante y poderosa, tenía que ser fuerte, los reporteros lucían exigentes y un simple error en la lectura de sus textos parecía el fin de mi inexistente prestigio como correctora. Mi trabajo era leer, analizar y corregir, pasaban los minutos, 32 páginas previas, portada, deportes, ecología, política, justicia, cultura… leer, analizar y corregir. Después de algunos meses, la corrección y yo parecíamos congeniar, la mano dejó de temblarme al señalar un error de sintaxis o una viuda en la bandera. Me sentí parte del Independiente en su sexto aniversario, los reporteros sonreían por cada reconocimiento al “Libre por convicción”; sentí que era mi hogar profesional en aquel brindis navideño cuando agradecí a Jorge Romero otorgarme la oportunidad de ejercer.
Un día decidí que no iba a corregir más, renuncié seis meses: aturdimiento, frustración y desesperación, regresé a la embarcación. Tres meses como auxiliar de redacción, pero la relación entre la corrección y yo no parecía un asunto fácil de olvidar. Destino o buena suerte, domingo 26 de marzo, año en curso, 5 pm, algo muy parecido a la codependencia, recorrí el pasillo de los reporteros, di vuelta a la derecha, frente a mí los ventanales que miré tantas noches, tendría otra vez a dos correctoras a mi lado, a una la vi llegar en su primer día de trabajo hace casi dos años, a la otra apenas la conocía, sonreí nerviosamente, encendí mi computadora y comencé a corregir, sabía hacerlo, aprendí. Mi mente repetía “recuerda que las cabezas inician con verbo, no utilizamos corchetes en las notas, las palabras en latín van en cursivas, Cardonal no lleva artículo, si es un acrónimo únicamente la letra inicial va en alta, todas si son siglas. Páginas previas o si prefieren banderas, contraportada, salud, educación, sociedad, municipios, capital… leer, analizar y corregir ad infinitum.
Hoy, lo escribo con gratitud y orgullo, soy un alma joven en esta profesión, también correctora de estilo y aprendiz del periodismo escrito en Libre por convicción Independiente de Hidalgo, llegué en su sexto aniversario, no estuve en el séptimo pero me habría encantado y soy parte del octavo. Tengo el ingrato privilegio de corregir los textos que alguien más redacta, estoy detrás del telón. ¿Corregir es aburrido? No, corregir es un arte.

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