El cine no se limita a conservar un objeto detenido en un instante como si estuviera fijado o momificado; el cine desde sus inicios con los hermanos Lumière, en 1895 y su cinematógrafo que registraba imágenes en movimiento, abrió el paso para que un amplio número de personas de finales del siglo XIX se acercara al cine.

Poco a poco el cine se empezó a dejar ver como un espectáculo de feria y comenzó a posicionarse como un arte. Prontamente se vio que el cine tenía una gran capacidad de conexión con el público, provocando que se convirtiera en un negocio que se fue desarrollando a lo largo de todo el mundo, pero no de manera universal, sino que se impregnó de los valores culturales de cada país y es así que durante la década de 1920 la producción cinematográfica de Estados Unidos comenzó a desatar sobre la del resto y Hollywood se inició como sede mundial de la industria del cine (Gubern, 2014).

El cine merece reconocimiento a la excelencia y activismo social de los profesionales en la industria, incluyendo directores, actores y escritores; teniendo eso en cuenta, surgió la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y su máximo galardón, el premio Oscar, que es considerado como el mayor honor en el cine, y en esta ocasión me permito hablar de la historia de una mujer apasionada, llena de talento y determinación que la llevaron del frío Estocolmo a lo más alto de Hollywood, donde logró ganar tres premios Oscar, convirtiéndose en la primera actriz en lograrlo y fue nominada en varias ocasiones más y, protagonizó cintas emblemáticas como Casablanca. Trabajó arduamente en teatro, cine y televisión hasta pocas semanas de su muerte.

Ingrid Bergman nació en la ciudad de Estocolmo, Suecia, el 29 de agosto de 1915, hija única de Justus Samuel Bergman y de Friedel Adler, mujer originaria de Hamburgo, Alemania, que falleció en 1918; él fue pequeño empresario dedicado a la fotografía y apasionado del arte y del cine.

Cuando falleció su madre, ella contaba con tres años; poco después murió su padre, quedando huérfana totalmente cuando tenía apenas 12 años. Se quedó al cuidado de su tía paterna, quien también murió seis meses más tarde, por lo que ella se fue a vivir con otro tío paterno, Otto Bergman. Allí encontró el cariño de su tía, lo que ella necesitaba, ya que al quedar sola con su padre, desarrolló con él su relación afectiva muy intensa, era su refugio total (Izumi, 2016).

En 1936, con Intermezzo fue su oportunidad para viajar al extranjero, una película que tuvo gran éxito en Suecia y que ella había protagonizado, fue tan rotundo el triunfo de la cinta que llamó la atención de David O Selznick, productor de Hollywood, quien mandó comprar los derechos de la película y preparaba un contrato para Ingrid.

Para entonces ella se había casado con un dentista: Petter Lindstöm, con quien tuvo a su hija Pía. Para 1939 ella, su esposo e hija se fueron a vivir a Hollywood, donde protagonizó la versión en inglés de Intermezzo. Ingrid siendo ya una estrella en Suecia, pidió al productor Selznick que no cambiara su nombre e imagen, como era casi obligado para las actrices europeas que llegaban a Hollywood, la Bergman se convirtió en uno de los ídolos de una generación de jóvenes románticas que vieron Intermezzo.

Fue en 1942, con su papel en la memorable cinta Casablanca, por la que Ingrid se convirtió en una verdadera estrella del cine. Un año después consiguió su primera nominación a los premio Oscar, con la adaptación de la cinta de Hemingway Por quién doblan las campanas, pero tuvo que esperar hasta 1944 para que le otorgaran la estatuilla por su interpretación en Luz que agoniza.

Ahí tuvo nominaciones al Oscar en varias ocasiones, gracias a los éxitos de sus cintas, incluso fue una de las musas de Alfred Hitchock, para quien protagonizó tres de sus películas: Recuerda (1945), Encadenados (1946) y Atormentada (1949) (Ferrer Valero, 2017).

En 1947, Roma, ciudad abierta, del director Italiano Roberto Rossellini, le cambió la vida a Ingrid. Un año después, tras ver otra película de Roberto, decidió viajar a Europa para conocer al realizador, pero antes le envió una carta que decía: “Si necesita usted una actriz sueca que hable inglés, que no ha olvidado el alemán, que chapurrea el francés y que del italiano solo sabe decir ‘ti amo’, entonces cuente conmigo” (pronto.es, 2018).

Se conocieron en París en 1949, quedando mutuamente fascinados y decidieron hacer Strombolli, tierra de Dios, que fue una nueva etapa en la vida de Ingrid, por lo que dejó a su esposo e hija de 10 años, para irse a vivir con Rossellini, este último rompió su romance con Ana Magnani.

Cuando se conoció la noticia, la ira recayó sobre la pareja e intentaron hundir la carrera de Ingrid bloqueando sus cuentas, difundiendo rumores y escribieron artículos de descalificación para ambos.

En mayo de 1950, la pareja se casó en México y en ese mismo año ella quedó embarazada; nació su primer hijo, Roberto.

La pareja tuvo dos hijos más, las gemelas Isotta e Isabella. Ingrid y Rossellini trabajaron juntos en seis películas de poca fama y paralelamente en Hollywood. A Ingrid la consideraban como actriz no grata; tardó años en recuperar el respeto de los productores de cine.

Ingrid y Rossellini se separaron en 1957, el gran amor se esfumó. En 1956 Ingrid rodó Anastasia con Yul Brinner, con la cual obtuvo su segundo Oscar y el regreso a Hollywood; se casó una vez más en 1958 con Lars Schmidt, quien era agente teatral en Nueva York de origen sueco; vivió muy feliz y tranquila.

A partir de ese momento apareció en películas, obras de teatro y televisión; su brillo regresó en 1974, cuando recibió su tercer Oscar como actriz secundaria en la película Asesinato en el oriente express.

Al siguiente año le diagnosticaron cáncer de mama, pero eso no le impidió que siguiera trabajando. Sin embargo, ese mismo año se divorció de Lars Schmidt.

Su última nominación a los premios Oscar fue en 1978 con la película Sonata de otoño, del director sueco Ingmar Bergman. A finales de 1981 se trasladó a Israel para filmar la miniserie televisiva “Una mujer llamada Golda”, papel con el que obtuvo un Premio Emmy y un Globo de Oro por mejor actriz de miniserie. Durante las semanas de rodaje, Ingrid estaba en etapa terminal del cáncer (Mujeres Notables, 2018).

Ingrid Bergman murió poco después en Londres, el 29 de agosto de 1982, día en que cumplía 67 años. Sus hijos llevaron sus cenizas a las frías aguas del mar sueco, cumpliendo su último deseo de volver a su patria.

“El éxito es conseguir lo que quieres, la felicidad es querer lo que consigues”
Ingrid Bergman

Comentarios