Der Spiegel, faro y foro de los globalistas y nor-atlantistas en Alemania asiente “el inicio de la globalización”, que no es ningún “inicio” cuando lo detectamos tanto un servidor desde hace 14 años como el connotado profesor universitario francés Jacques Sapir hace nueve años.

Der Spiegel se concentra en los “productores industriales de máquinas”, que son grandes contribuyentes a la fenomenal economía alemana, quienes “han empezado a cambiar sus prioridades para convertir la cadena de abasto lo más segura (sic) posible, en lugar de buscar su bajo costo”.

Comenta que las aerolíneas “luchan por su supervivencia” y “varias de ellas han recurrido a rescates del sector público (sic)” cuando en el “futuro previsible”, el Estado (sic) será el salvador (sic) de última instancia para varias empresas”, ya que “solo posee los medios suficientes a su disposición para combatir la pandemia, minimizar sus consecuencias económicas e impulsar a todas industrias”.

¿De cuándo acá cesó el tan vilipendiado Estado, en la aciaga etapa neoliberal global, de “rescatar” a sus componentes, muchas veces en detrimento del bienestar de la mayoría de la población? Der Spiegel admite que el “Estado en Alemania provee ayuda de emergencia, empréstitos baratos y estímulo económico” y también “se asegura que el salario mínimo sea incrementado en forma significativa para los trabajadores de cuidados en las casas de retiro”.

Cabe señalar que lo que es plausiblemente aplicable en Alemania –una superpotencia geoeconómica regional de alcance global, con una pirámide demográfica que ostenta un promedio de edad de casi 48 años, con un posicionamiento geo-tecnológico de primer orden y un alto nivel educativo– no puede ser imitado banalmente en países asincrónicamente en vías de desarrollo, en su mayor parte endeudados hasta la médula y con pirámides demográficas de desempleo juvenil no pocas veces analfabeta.

Entre los cambios dramáticos se vislumbran la división del trabajo, deudas pantagruélicas que limitarán la “flexibilidad tanto de los países como de las empresas en los años por venir” cuando la “tecnología será su característica prominente”.

Un punto importante que toca Der Spiegel es una “globalización digitálica”, poco abordada, que se refiere al intercambio de bienes virtuales (sic) cuando la “digitalización” contempla un “amplio potencial para la industria alemana”.

A mi juicio, ya antes se vislumbraba la balcanización de la “globalización digitálica”, donde, en el mundo “Occidental (whatever that means)”, los gigantes de Silicon Valley –el GAFAT: Google/Amazon/Facebook/Apple/Twitter, además de Microsoft y Netflix– la habían monopolizado, en detrimento de sus “aliados” de la Unión Europea, no se diga ahora con la fractura digitálica por la guerra de Trump contra el 5G de Huawei.

Der Spiegel diluye su embriagante vino cibernético y admite los “peligros significativos” por los ataques al ciberespacio y a la infraestructura digitálica que pueden ser el equivalente a una “pandemia virtual (sic)” cuyas consecuencias serían peores que la del Covid-19: hogares sin electricidad, oficinas sin conexiones a Internet, bancos impotentes para desempeñar transacciones, que constituirían un “cierre total”.

Der Spiegel es vulgarmente economicista y descuida la multidimensionalidad, que abarcaría la grave crisis de la “salud publica global”, que resalta su desdén a la perturbada salud mental individual/familiar/colectiva que exacerba la mal planeada y discriminativa cuarentena.

Der Spiegel sentencia que la “distancia social (sic)” continuará a guiar las interacciones personales. Pasa por alto que el distanciamiento ya se había instalado con la era digitálica cuya sobreinformación de la post-verdad ha llevado al auge paradójico de la desinformación.

En forma suicida, a los vasallos plutócratas de la periferia subyugada por la caduca globalización financierista no les conviene enterarse de los imparables nuevos tiempos.

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