El barrio de El Arbolito llevó a cabo la 49 representación de la pasión y muerte del hijo de Dios

Pachuca.-

Desde 1969 la tradición ha pasado de generación en generación. El barrio de El Arbolito, a pleno rayo del Sol, inició su procesión de la cruz; poco más de 4 kilómetros recorrió el Cristo, acompañado de familias enteras que llegaron a recorrer el largo camino que pasó por los pecados de la humanidad.
En una pequeña silla, sentada para mirar el calvario que vivió Jesús, Rosa Hernández que ha mirado casi todos dijo: “Le pedimos a Dios que limpie de violencia toda la ciudad y que con su bendito amor y misericordia se transforme el corazón de todos los ciudadanos”.

Ese Viacrucis es por la paz, que cada vez se ve más lejana de esa colonia y de la ciudad; entre personas, rezos y el calor del Sol de mediodía inicia la procesión, del Cristo que murió por salvar a la humanidad, entre creyentes y quienes profesan esa fe, surge la pregunta ¿Cuándo volverá?
La seguridad también es un tema en ese barrio alto, entre las calles hay casas con moños negros, “mataron al hijo de…”, “asaltaron al sobrino de…” son las charlas que suceden entre quienes acuden a esa celebración. En breves momentos de oración, las personas piden un mejor entorno a salvo de la violencia.

La ciudad, las casas han sido asaltadas por la incertidumbre, “antes el barrio estaba muy feo, hace muchos años, está regresando, por eso es importante que recordemos el calvario de nuestro Señor, porque con nuestra fe puesta en él nos salvaremos” dice quien ha visto muchas veces las calles de su colonia vestidas de escenario para el Viacrucis.
Este año es la edición número 49 que contempló la visita de 2 mil personas, quienes observaron al Cristo, representado por Vicente Hernández Garnica, desde el arco de la calle Galeana hasta la mina El Cuixi, cuatro kilómetros más
adelante.

Primero: El juicio de Poncio Pilatos, lava sus manos de la condena que pone a Jesús en manos de los Romanos y ordena la crucifixión de él, con dos ladrones más. “Yo me lavo las manos” la frase que marca al personaje que gobernó Judea en los años de Jesús.
Participaron alrededor de 90 personajes entre apóstoles, Judas Iscariote, Herodes, Virgen María, verdugos, ladrón Dimas, ladrón Gestas y mujeres piadosas de Jerusalén, con trajes brillosos y la fe en sus corazones, representan ese pasaje bíblico, considerado como el más importante. El que representa el sacrificio por el que la humanidad se salvó.

Después: El calvario: La cruz de 100 kilogramos y su corona de espinas elaborada por Enrique Pichardo, fundador de La Pasión y Muerte de Cristo, es cargada por las calles empinadas del lugar, uno de los más emblemáticos de la ciudad para mirar el Viacrucis.
El camino es largo, el rayo del Sol se clava en la frente de los asistentes, el camino es largo, la cruz pesa como pesa la inseguridad, así lo resumen los asistentes, en una sola oración alzan las plegarias para que sus hijos y familia se mantengan a salvo.

Doña Rosa, lo pide a quienes la rodean, los asistentes se unen a la petición. Los niños y niñas miran los primeros azotes, miran el cansancio en los hombros de Cristo, así caminó por Judea hasta las afueras de la ciudad para ser castigado.
Sus padres explican el motivo de los latigazos, “es lo que sufrió por nosotros”, dicen. La historia es trasmitida a los más pequeños, “es que Dios lo mandó a salvar a la
humanidad”.

El calor hace estragos, Doña Rosa avanza con su silla, hasta donde su edad se lo permite, para ella también es un camino difícil, antes de llegar a la mina, abandona su tarea y vuelva a casa, no sin antes persignarse, pedir por quienes participaron en la representación.
Al final: La Crucifixión. Con la sangre de Cristo en la tela blanca, el Sol en su máximo esplendor, el cuerpo cansado, las túnicas manchadas de tierra y la boca seca de sed, el Cristo se eleva, encumbra sobre uno de los cerros más altos de la ciudad, ahí recuerda su misión: Servir de ejemplo de constancia, de sacrificio, de entrega y fe.

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