Lo suyo, lo suyo no es la poesía, como quedó claro el jueves cuando vimos al vocero trabado en ese extraño intento de convertir la mañanera en festival de escuela primaria. Lo que mejor se le da al gobierno de Morena es la destrucción de instituciones, desmantelar el pasado, pero no así la construcción de las nuevas, que les salen bastante mal.

Comparto el diagnóstico del presidente de que uno de los grandes males de este país es un Estado obeso e ineficiente. Hemos creado una institución para cada problema y cada institución se convierte en un nuevo problema; la burocracia produce burocracia, y en esa lógica los gobiernos tienden al infinito; son implacables devoradores de presupuesto. Ahí donde haya un peso disponible crearemos un puesto burocrático para gastarlo; donde encontremos un problema por resolver crearemos una institución para atenderlo, que no para resolverlo, porque si desaparece el problema dejamos de ser imprescindibles.

Si bien, pues, podemos compartir el diagnóstico, una cosa es reducir el gasto y otra aniquilar las instituciones. El gobierno de Morena resultó mucho mejor para destruir que para construir. Ejemplos hay varios, pero bastan dos: Acabaron con el Seguro Popular, una institución que efectivamente estaba llena de problemas, pero en su lugar crearon el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) que es mucho peor que lo que teníamos. Destruyeron una Policía Federal en la que había, como todas las policías, problemas de corrupción, pero desmantelaron todas sus capacidades institucionales desarrolladas a lo largo de doce años para crear una Guardia Nacional débil, con austeridad franciscana y lógica militar, como si el Ejército y la Marina no tuvieran problemas de corrupción.

No sé si la Comisión Reguladora de Energía (CRE), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) puedan operan con mayor eficiencia, supongo que sí, pero de los que podemos estar seguros a estas alturas del partido es que fusionarlos en el Instituto Nacional de Mercados y Competencia para el Bienestar no va a solucionar los problemas, por el contrario, podemos apostar que será otra institución maltrecha. Destruir la Comisión Nacional de Derechos Humanos, única instancia para equilibrar los abusos de poder del Estado, para crea una Procuraduría de los Pobres, como propone Rosario Piedra, es un despropósito que nos costará carísimo como sociedad, mucho más de lo que pretenden “ahorrar”.

El gobierno de Morena actúa con la lógica de que fueron electos no para un sexenio sino para toda la eternidad. Están quitando todos los contrapesos al poder presidencial pensando que ellos y su visión permanecerá por siempre. Pero, solo para alimentar el pesimismo, y las pesadillas de la izquierda, ¿qué pasará si en el 2024, o incluso en el 2022, México da el pendulazo y llega un presidente de derecha más perverso aún que los que hemos tenido? Este escenario es siempre factible, porque así es la democracia, porque los gobiernos se equivocan, porque la gente se cansa. En ese mundo posible quien llegue encontrará un país sin contrapesos.

Las instituciones del Estado deben estar diseñadas no para ayudar al presidente en turno a ejercer su voluntad transformadora –independientemente de las buenas o malas intenciones– sino para dar estabilidad y certeza a los ciudadanos.

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